50 años de la erección canónica de la diócesis de Zárate-Campana
Michael Wallace Banach - Homilías - Homilía de monseñor Michael W. Banach, Nuncio Apostólico en la Argentina, en el 50º aniversario de la erección canónica de la diócesis de Zárate-Campana (6 de septiembre de 2026)
Excelencias,
Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas,
Distintas Autoridades civiles,
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
1. Introducción. Como saben, soy el Nuncio Apostólico, Embajador / Representante Personal del Santo Padre en Argentina. El Papa León les asegura su cercanía espiritual y paternal, así como sus oraciones. Como testimonio de esta cercanía y deseo, el Papa León realizará una visita pastoral en Argentina en el mes de noviembre.
Es para mí una gran alegría estar con ustedes esta mañana para celebrar juntos la Santa Misa. Agradezco a Su Excelencia Monseñor Pedro María Laxague por su amable invitación para estar con ustedes y celebrar juntos el 50 Aniversario de la fundación de la Diócesis de Zárate-Campana. Saludo también S.E. Mons. Justo Rodríguez Gallego, Obispo auxiliar, y al Obispo emérito.
Quisiera saludar de manera especial a los casi 400 jóvenes misioneros de la Diócesis que se han reunido aquí este fin de semana para un retiro. ¡La Iglesia los necesita! La Iglesia los necesita para predicar a Jesucristo, para compartir la alegría que proviene de conocerlo, para dar testimonio de la verdadera y duradera esperanza que solo de él procede. ¡Gracias por su testimonio!
Para esta celebración, los invito a recordar el pasado con gratitud, a celebrar el presente con alegría y a mirar al futuro con esperanza. Y los invito a hacerlo conmigo, recordando tres preguntas que Jesús hizo en el Evangelio de San Juan, utilizando cada pregunta como un prisma para evaluar el pasado, el presente y el futuro.
2. Gratitud por el pasado: «¿Qué quieren?». Las primeras palabras que Jesús pronunció en el Evangelio de San Juan fueron estas dos: «Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?»» (Jn 1:35-38).
¿Qué querían quienes se reunieron en este lugar aquel sábado 27 de marzo y aquel miércoles 21 de abril de 1976?
Aquel año no fue ni el mejor ni el peor de los tiempos para la Iglesia ni para el País. El entonces Papa Pablo VI estaba lidiando con ordenaciones sacerdotales ilícitas por parte de un obispo que luchaba por aceptar la implementación del Concilio Vaticano Segundo en la Iglesia. En 1976, el Papa Pablo VI creó 19 Cardenales, entre ellos Juan Carlos Aramburu, entonces Arzobispo de Buenos Aires, y el Beato Eduardo Francisco Pironio, quien, en ese momento, era Pro-Prefecto de la Congregación para los Institutos Religiosos y Seculares del Vaticano.
El entonces Arzobispo Pio Laghi era el Nuncio Apostólico en representación del Papa Pablo VI en Argentina mientras consultaba con los obispos de San Isidro y San Nicolás de los Arroyos sobre la creación de una nueva diócesis en una zona de rápido crecimiento del norte de la Provincia de Buenos Aires: Baradero, Campana, Escobar, Exaltación de la Cruz, Pilar, San Antonio de Areco y Zárate.
Seguramente Ustedes recuerden aquel período de la historia argentina - dejare los detalles a los historiadores - pero en ese contexto de eventos políticos y sociales, aun así, acontecían milagros, momentos de esperanza, como lo es la creación de la Diócesis de Zarate-Campana, que nace en este contexto 50 años atrás.
¿Qué y a quién han querido en los primeros cincuenta años de su existencia diocesana? Como los discípulos a la orilla del mar, Ustedes han querido, quieren y siempre querrán a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, y al quererlo, han manifestado, manifiestan y siempre manifestarán su deseo de ser «Sembradores de Esperanza».
Con la guía y la ayuda de sus obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, buscar y encontrar a Jesús ha sido su tarea primordial: en la Misa, en los demás sacramentos de la Iglesia, en quienes sufren de tantas maneras, hacer a Jesús real, hacer a Jesús presente, hacer que Jesús gobierne sus corazones y sus hábitos, es lo que han buscado hacer. En aquellos días de marzo y abril de 1976, heredaron mucho. ¿Qué les pidieron entonces sus líderes religiosos? Nada más que guiar, acompañar y decidir, como Iglesia local, la mejor manera de difundir el Evangelio de Jesucristo y hacer presente a Jesús. Sus obispos, Mons. Alfredo Mario Espósito Castro, Rafael Eleuterio Rey, Óscar Domingo Sarlinga y Pedro María Laxague, junto con su obispo auxiliar, Mons. Justo Rodríguez Gallego, les ayudaron a crecer a partir de aquel momento crucial. Y también lo hicieron la labor de evangelización y el arduo trabajo de muchísimos fieles.
Una diócesis, sin embargo, es mucho más que su obispo: es el Pueblo de Dios que busca a Jesús y, al encontrarlo, lo comparte con los demás: «Sembradores de Esperanza». Hoy damos gracias a Dios con el corazón lleno de gratitud por esas increíbles mujeres y hombres sobre cuyos hombros nos apoyamos, quienes ayudaron a esta Iglesia local de Zárate-Campana a buscar, encontrar y compartir a Jesús, y a ser «Sembradores de Esperanza».
3. Alegría por el presente: «¿Qué tenemos que ver nosotros?».«Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros?» (Jn 2:3-4). . . . Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?» (Jn 6:5).
La obra del pasado continúa sin cesar, pero el presente también puede darles a ustedes alegría. La respuesta del Señor al comentario de María, que podría evitarle a alguien una gran vergüenza, fue preguntarle: ¿Qué tenemos que ver nosotros?». Ver el sufrimiento, el hambre, la sed entre nosotros siempre es nuestra responsabilidad. El poder de nuestro potencial como Iglesia es enorme.
Conocen muy bien los actuales momentos difíciles, saben que es preciso dedicar esfuerzo para poder ayudar y asistir a los más necesitados, uniendo fuerzas como familia, como Iglesia, donde Jesús nos une y hermana, rezando y trabajando por el bien común de todos. Siguiendo el lema de este aniversario: «Sembradores de Esperanza», estarán trabajando por y para el Reino de los Cielos, amando a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Es decir, ser «Sembradores de Esperanza».
Ustedes viven la invitación del Evangelio a amarse unos a otros, a cuidarse unos a otros precisamente porque el Señor cuidó a los anfitriones de la boda y a la multitud a la orilla del lago. Han hecho de las desgracias ajenas su preocupación constante, generosa y desinteresada.
Su fe es principalmente una realidad interior. Su amor, que refleja el amor de Cristo en su vida, ministerio y muerte, es verdaderamente una alegría para contemplar y compartir con el mundo en que vivimos. Su alegría proviene de vivir el Evangelio, no solo de leerlo. Su misión es ser siempre «Sembradores de Esperanza».
4. Esperanza por el futuro: «Muéstranos al Padre».«Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: «Muéstranos al Padre»?» (Jn 14:8-10).
Para el futuro, su esperanza es que el Señor continúe: «muestrales a Ustedes el Padre». Quizás recuerden que Moisés clamó y suplicó a Dios en el Libro del Éxodo: «¡Muéstrame tu gloria!» (Es 33,18). Si Felipe, el discípulo de Jesús, después de tres años de comunión íntima con el Señor, aún no lo comprende, ¿cuánto más necesitan ustedes para garantizar que Cristo se encuentre en su comunidad, la Diócesis de Zárate-Campana? ¿Cuánto más necesitan ser «Sembradores de Esperanza»?
Nuestro Dios se encuentra encarnado, no en argumentos, y solo esto puede satisfacer nuestra esperanza. Deben continuar en el futuro construyendo la iglesia como una comunidad que extiende la realidad de Cristo a nuestro mundo. Deben seguir siendo para otros un lugar donde la presencia de Dios sea evidente y definitoria. Deben seguir siendo el lugar donde los miembros de su comunidad sean llamados a mostrar los efectos de ese Espíritu en la caridad, en el amor y en la fidelidad, el perdón por el cual vivimos el Evangelio. Deben continuar a ser las puertas abiertas de esta nueva iglesia, que recibirá a los que sufren, a los que están desesperados, a los que tienen muchos problemas, a quienes, por la fe, sus vidas serán transformadas en nombre del Señor Jesús. Si las vidas cristianas no son auténticas, harán que Dios parezca falso y corren el gran riesgo de perder miembros y relevancia.
Dios está desapareciendo rápidamente de nuestra cultura, incluso aquí en Argentina. El futuro es desafiante, pero también lo era hace cincuenta años. Tienen a su disposición, en su arsenal de gracia, todo lo que necesitan para continuar la obra de los últimos cincuenta años en las décadas venideras. Pero recuerden: el deseo de la próxima generación es: «Muéstranos». Necesitan saber que Dios, Cristo, permanece en nosotros y en la Iglesia que amamos. Deben invitar al futuro a sumergirse en el amor y el ejemplo de Cristo, para no correr el riesgo de hundirse en el profundo abismo de la incredulidad. Están llamados a seguir siendo «Sembradores de Esperanza».
5. Conclusión. Mi oración hoy día es muy sencilla: también es una oración de esperanza. Junto a su Obispo, Mons. Pedro María Laxague, junto con su auxiliar, Mons. Justo Rodríguez Gallego, como sus pastores, que ustedes, en el futuro, irradien las bendiciones del pasado, la alegría del presente, y que su esperanza futura descanse en la realidad constante de que quienes buscan a Jesús, lo encontrarán siempre en su Iglesia, en su comunidad eclesial y en ustedes mismos.
¡Sembradores de esperanza! ¡Qué gran comienzo! ¡Sembradores de esperanza! ¡Qué presente glorioso! ¡Sembradores de esperanza! ¡Qué futuro brillante, aunque desafiante!
¡Gracias, Señor, por habernos mostrado el Padre en los primeros cincuenta años de la Diócesis de Zárate-Campana! Ahora, guíanos con tu luz bondadosa hacia los próximos cincuenta.
¡Así sea! ¡Amen!
Mons. Michael W. Banach, Nuncio Apostólico en la Argentina