Tucumán: Mons. Sánchez destacó el valor del Crisma al servicio del pueblo de Dios
- 2 de abril, 2026
- Tucumán (AICA)
"Esa unción no es para nosotros: es para llevar la Buena Noticia a los pobres, devolver la vista a los ciegos y dar la libertad a los oprimidos", señaló el arzobispo durante la misa crismal.
El arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez, presidió la misa crismal en la catedral local. Fue concelebrada por el obispo auxiliar, monseñor Roberto Ferrari y los sacerdotes del clero, quienes renovaron sus promesas en una jornada marcada por la centralidad del ministerio sacerdotal y el significado del Santo Crisma.
Durante su homilía, el prelado subrayó el valor de la unción como signo distintivo del sacerdocio y de la misión evangelizadora de la Iglesia. "El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha consagrado por la unción", recordó, al citar el Evangelio, y aplicándolo a la vida sacerdotal, afirmó: "Nosotros hemos recibido esa gracia del sacerdocio ministerial por la fuerza del Espíritu Santo el día de nuestra ordenación".
En ese sentido, destacó que el Santo Crisma no es un signo aislado, sino una expresión de una gracia que impulsa a la misión: "Esa unción no es para nosotros: es para llevar la Buena Noticia a los pobres, devolver la vista a los ciegos y dar la libertad a los oprimidos". Señaló además que la consagración recibida está íntimamente ligada al servicio y a la entrega cotidiana.
El pueblo reconoce la unión del Espíritu en nosotros
Monseñor Sánchez también puso en valor cómo el Pueblo de Dios reconoce esa unción en la vida concreta de los sacerdotes. "Ellos reconocen la unción del Espíritu en nosotros", afirmó, al describir gestos cotidianos como pedir una bendición, una oración o acercarse al sacramento de la Reconciliación, donde se manifiesta la fe del pueblo y se fortalece la vocación sacerdotal.
En el contexto de la celebración, el arzobispo invitó a vivir esta gracia en clave comunitaria y misionera, destacando que el ministerio no se ejerce de manera individual: "No solos, sino en comunión fraterna y eclesial", manifestó, alentando a fortalecer la fraternidad presbiteral y la corresponsabilidad en la misión.
Finalmente, al reflexionar sobre el sentido del Crisma en la vida de la Iglesia, animó a los sacerdotes a renovar el don recibido: "Que el Espíritu Santo reavive el don de Dios que hemos recibido por la imposición de las manos", concluyó, poniendo bajo la protección de la Virgen de la Merced el camino pastoral de la arquidiócesis.+