Mons. Colombo: 'El encuentro con Cristo transforma y envía a la misión'

  • 12 de abril, 2026
  • Mendoza (AICA)
En el Domingo de la Divina Misericordia, el arzobispo de Mendoza llamó a vivir la fe como experiencia concreta, abierta al perdón, la paz y el testimonio comunitario inspirado en la Pascua.

En la celebración del domingo de la Divina Misericordia, el arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, centró su predicación en la necesidad de un encuentro personal con Cristo resucitado que transforme la vida y proyecte a los creyentes hacia la misión.

La Eucaristía fue presidida en la basílica San Vicente Ferrer, donde el prelado evocó el testimonio de la primera comunidad cristiana, tal como lo presenta la Palabra de Dios, al destacar su dinamismo, su unidad y su capacidad de encarnar en la vida cotidiana la novedad del Evangelio.

"El espíritu y el estilo de aquella comunidad nos entusiasman, porque habían sido tocados por el Espíritu de Dios y vivían como una humanidad nueva, según Cristo resucitado", afirmó, al subrayar que esa transformación nace de una auténtica experiencia pascual.

"Como el Padre me envió, yo los envío"
Al reflexionar sobre el Evangelio, el arzobispo mendocino explicó las apariciones de Jesús a los discípulos como momentos fundantes que cambian la comprensión de lo vivido. Señaló que el Resucitado irrumpe en medio del miedo y el encierro, llevando una paz que no es evasiva, sino que impulsa a la misión: "Como el Padre me envió, yo los envío a ustedes".

En ese contexto, destacó que la paz que Cristo ofrece está marcada por sus llagas gloriosas, signos de un dolor transformado por la Pascua.

"No es una paz para quedarse encerrados, sino para testimoniar el amor de Dios por el mundo", sostuvo, en sintonía con la llamada a una Iglesia en salida promovida por el papa Francisco.

Asimismo, monseñor Colombo subrayó el don del Espíritu Santo como fuente de perdón y reconciliación, origen de la vida sacramental de la Iglesia y expresión del amor que vence el pecado y la muerte.

Al referirse a la figura del apóstol Tomás, el arzobispo destacó su itinerario de duda y fe como reflejo de las propias incertidumbres humanas, especialmente en el dolor. Sin embargo, puso en relieve el encuentro personal que Cristo le concede, llevando a la exclamación: "¡Señor mío y Dios mío!", definida como una experiencia de "sorpresa y adoración".

Domingo de la Divina Misericordia
En el marco de esta celebración, instituida por Juan Pablo II, el prelado mendocino destacó el carácter misionero de la misericordia divina, llamada a convertirse en fuerza apostólica en la vida de los fieles.

"El Domingo de la Divina Misericordia nos invita a abrir las puertas y extender los brazos para anunciar que el amor de Dios ha vencido", expresó, al alentar a los creyentes a dejarse transformar interiormente para ser signos de perdón, paz y esperanza.

Finalmente, invitó a la comunidad a celebrar con alegría y a permitir que Cristo habite en sus corazones, "para hacer de nosotros hombres y mujeres nuevos", comprometidos con una fe viva y encarnada en la realidad cotidiana.+