Mons. Ojea: 'La oración posibilita que el Señor abra su corazón y nos reciba a todos'
- 7 de julio, 2026
- San Isidro (Buenos Aires) (AICA)
El obispo emérito de San Isidro invitó a descubrir en la oración un camino de alabanza, humildad, revelación y encuentro con Dios que transforma el corazón.
En su mensaje para el XIV Domingo del tiempo durante el año, monseñor Oscar Ojea, obispo emérito de San Isidro, centró su reflexión en la oración de Jesús al Padre, destacando que el Evangelio presenta un momento único en el que los discípulos pueden contemplar el diálogo íntimo entre Cristo y Dios. A partir de este pasaje, señaló que la oración constituye una escuela para aprender a vivir con un corazón abierto a la voluntad del Padre.
El prelado explicó que la primera actitud de Jesús en la oración es la alabanza y la acción de gracias. Recordó que, tras el aparente fracaso de su predicación en algunas ciudades, el Señor agradece al Padre porque los sencillos comprenden su mensaje. "Jesús da gracias por el modo que tiene el Padre de obrar, por haber ocultado estas cosas a los sabios y por haberlas revelado a los pequeños", expresó.
Monseñor Ojea también subrayó que la oración de Cristo está marcada por una profunda humildad, en estrecha relación con el cántico del Magníficat de la Virgen María. En ese sentido, afirmó que Jesús reconoce que todo lo ha recibido del Padre y, precisamente por ello, puede entregarlo todo a los demás, ofreciendo un ejemplo de confianza y abandono en Dios.
Indicó además que la oración es siempre un espacio de revelación, porque permite conocer más profundamente al Padre. "Siempre hay una revelación nueva cuando hacemos oración", sostuvo, invitando a cultivar una relación con Dios basada en el afecto, el amor y la escucha atenta de su Palabra.
Finalmente, el obispo emérito destacó que quien ora sale transformado y con el corazón ensanchado para abrazar a los demás. Al recordar la invitación de Jesús: "Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados", señaló que la oración abre el corazón del Señor para recibir a todos, e invitó a los fieles a dar gracias con humildad y a crecer en la caridad como fruto de un auténtico encuentro con Dios.+