San Juan: encuentro de formación litúrgica 'Una comunidad que celebra'
- 28 de agosto, 2026
- San Juan (AICA)
La jornada permitió redescubrir que la liturgia no es una actividad más dentro de la vida parroquial, sino fuente y cumbre de la vida de la comunidad cristiana.
Con una numerosa asistencia de laicos, se realizó en la ciudad de San Juan el encuentro de formación y reflexión litúrgica "Una comunidad que celebra. Redescubrir la liturgia como corazón de la vida parroquial", que se llevó a cabo en el santuario Inmaculado Corazón de María de Fátima.
El encuentro estuvo animado por el presbítero Ariel Sueiro, secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de Liturgia, quien acompañó a los participantes en un recorrido por algunos de los fundamentos esenciales de la vida litúrgica de la Iglesia, buscando especialmente ayudar a redescubrir que la liturgia no es una actividad más dentro de la vida parroquial, sino fuente y cumbre de la vida de la comunidad cristiana.
A lo largo de la reflexión se profundizó en la liturgia como acción de Cristo y de la Iglesia, en la centralidad del misterio pascual y en la importancia de una participación consciente, activa y fructuosa. También se destacó el valor de los signos, el silencio, la noble sencillez y la necesidad de cuidar las celebraciones para que verdaderamente ayuden al encuentro con el Señor.
Un momento particular estuvo dedicado a quienes prestan distintos ministerios y servicios litúrgicos: ministros extraordinarios de la Comunión, lectores, músicos y cantores, servidores de la sacristía, adoradores y demás colaboradores de las comunidades. Se recordó que todo ministerio litúrgico encuentra su sentido cuando es vivido como un verdadero servicio a Cristo y a la asamblea celebrante, evitando protagonismos y ayudando a que el misterio pueda manifestarse.

El padre Sueiro invitó a los presentes a pasar de una comprensión de la misa como algo a lo que simplemente se "asiste", a la conciencia de que toda la comunidad celebra, porque es Dios quien convoca a su pueblo, Cristo quien se hace presente y el Espíritu Santo quien anima la celebración.
La jornada permitió también compartir inquietudes y experiencias de la vida concreta de las comunidades, renovando así el entusiasmo por vivir y celebrar la liturgia cada vez mejor.
Como síntesis de la jornada quedó una convicción que atravesó todo el encuentro: "Aquello que celebramos es demasiado grande como para celebrarlo de cualquier manera". Cuidar la liturgia no significa buscar celebraciones espectaculares, sino permitir que, a través de la Palabra, los signos, el canto, el silencio y los distintos ministerios, sea Cristo quien aparezca y transforme la vida de su pueblo.+