León XIV y los jóvenes: un mensaje que crece en el encuentro
- 18 de septiembre, 2026
- Buenos Aires (AICA)
La autora presenta el recorrido del pontífice con la juventud: desde el Jubileo en Roma hasta otros momentos compartidos. Un diálogo que transforma la esperanza en elección, vocación y testimonio.
Con motivo del próximo viaje apostólico del Santo Padre a la Argentina, AICA inauguró una sección de columnas semanales sobre el magisterio y el pontificado de León XIV. Cada viernes, académicos y comunicadores ofrecen reflexiones que profundizan en su enseñanza y testimonio. La agencia reafirma así su servicio a la comunicación católica y acompaña la preparación espiritual de las comunidades ante la visita papal.
León XIV y los jóvenes:
un mensaje que crece en el encuentro
Ana Colussi *
Francisco los había citado en Roma. León XIV terminó recibiéndolos y, desde aquel Jubileo de los Jóvenes, fue profundizando un diálogo en el que aparecen los vínculos, las decisiones, la interioridad, la vocación y el testimonio. Recorrer sus palabras permite descubrir algunas claves de la relación que el Papa empieza a construir con las nuevas generaciones.
En agosto de 2023, al terminar la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa, Francisco volvió a poner a los jóvenes en camino. La próxima gran cita sería Seúl 2027, pero antes había una parada: Roma. Los esperaba el Jubileo de los Jóvenes de 2025 como "peregrinos de esperanza". Nadie imaginaba entonces que, al llegar, sería otro Papa quien saldría a recibirlos.
Dos años después, León XIV recibió una peregrinación que ya estaba en marcha. Y allí comenzó algo propio. En Tor Vergata, durante la vigilia del 2 de agosto de 2025, no se limitó a hablarles: los escuchó. Las preguntas fueron muy de este tiempo: redes sociales y soledad, amistades que no siempre llegan a convertirse en vínculos verdaderos, miedo al futuro y dificultad para decidir.
Las advertencias sobre la tecnología
León no rechazó la tecnología. Reconoció sus posibilidades, pero advirtió sobre el riesgo de dejar que las lógicas comerciales o los algoritmos terminen indicando qué mirar, qué pensar e incluso con quién relacionarnos. Frente a eso habló de amistades sinceras, lazos estables y de Cristo como referencia. "La amistad puede cambiar verdaderamente el mundo", les dijo.
La segunda pregunta de aquella noche llevó la conversación a otro lugar: elegir. Una joven italiana habló de la incertidumbre frente al futuro y del temor a decidir cuando toda elección supone también dejar algo atrás. León respondió con una frase que después parece atravesar otros encuentros: "Cuando elegimos, en sentido profundo, decidimos qué queremos llegar a ser". La esperanza empezaba así a dejar de ser sólo espera para convertirse en libertad asumida.
Al terminar el Jubileo, apareció un nuevo paso. En su primer mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud, León insistió en que aquella experiencia no podía quedar encerrada en un acontecimiento extraordinario. Quienes habían llegado a Roma como peregrinos de esperanza estaban llamados ahora a ser testigos. El joven ya no aparece sólo como destinatario de una propuesta: empieza a ser protagonista.
Y junto con el testimonio crece otra preocupación: la interioridad. Frente al ruido, la velocidad y la cantidad de estímulos, León habla de silencio, oración y discernimiento. No propone escapar del mundo digital, sino aprender a vivir libremente dentro de él; que un algoritmo no termine decidiendo qué deseamos o quiénes queremos ser.
Un año después de Tor Vergata, esa conversación se vuelve todavía más personal. En julio de 2026, ante jóvenes reunidos en Portugal, les dice: "No tengan miedo de la inquietud que llevan dentro". No busca apagarla, sino convertirla en pregunta: "Señor, ¿qué quieres que haga en la Iglesia y en el mundo? ¿Cuál es mi vocación?". Aparecen entonces, sin rodeos, el matrimonio, el sacerdocio y la vida religiosa.
La juventud de Asís
Pocos días más tarde, en Asís, el tema madura. Los jóvenes le preguntan por la evangelización, la vocación y las decisiones definitivas en una cultura donde casi todo parece provisorio. León vuelve sobre el valor del "para siempre" y abre incluso una ventana a su propia historia: recuerda su vocación, su vida agustina y misionera y a las personas que Dios fue poniendo a su lado hasta aquel último "sí", inesperado, de aceptar ser Papa.
Mirados juntos, estos encuentros dejan ver un recorrido. La esperanza permanece, pero se vuelve cada vez más exigente: del peregrino al testigo; de la esperanza a la elección; de la inquietud al discernimiento; de tener muchas posibilidades a preguntarse por la vocación. No parece un discurso cerrado que León repite ante auditorios distintos. Hay algo del encuentro que va modelando el mensaje. Los jóvenes preguntan y él responde. Y en ese ida y vuelta aparecen nuevas capas.
León recibió en Roma a unos jóvenes que Francisco había puesto en camino. Un año después, sus palabras parecen pedirles cada vez un poco más. Ya no sólo que esperen, sino que se pregunten qué vínculos construyen, qué eligen, para qué quieren vivir y cuál es su lugar en la Iglesia y en el mundo.
Quizás allí esté una de las claves de la relación que León XIV empieza a construir con los jóvenes: no ofrecer respuestas antes de escuchar sus preguntas. Y desde esas preguntas llevarlos hacia una respuesta que no se agota en palabras, sino que compromete la vida.
En pocos meses, ese encuentro tendrá también a los jóvenes argentinos como protagonistas. Será interesante ver, entonces, qué nuevas preguntas surgen, qué respuestas escuchamos y cómo, en ese diálogo, se sigue marcando el camino.
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