Card. Rossi: 'La justicia divina consiste en dar a cada uno lo que necesita'

  • 22 de septiembre, 2026
  • Córdoba (AICA)
El arzobispo de Córdoba reflexionó sobre la parábola de los trabajadores de la viña y llamó a pasar "de la lógica del contrato a la lógica del don, de la religión del mérito a la religión de la gracia

En su homilía sobre el Evangelio de los trabajadores de la viña, el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ reflexionó sobre la misericordia y la gratuidad de Dios. A partir de la parábola de Mateo, sostuvo que Jesús propone una lógica que supera los criterios humanos de mérito, antigüedad y recompensa. 

"El Evangelio de hoy es uno de esos textos que no nos dejan tranquilos", afirmó el cardenal, quien lo describió como un "Evangelio molesto" porque "desarma nuestra lógica y contradice nuestros criterios de justicia". 

El cardenal Rossi explicó que, desde una mirada exclusivamente humana, la decisión del propietario de pagar el mismo jornal a quienes trabajaron durante toda la jornada y a quienes llegaron a última hora parece injusta. Sin embargo, señaló que la parábola presenta otra perspectiva sobre la justicia y la bondad de Dios. 

El purpurado destacó un aspecto particular del relato: el propietario sale varias veces a la plaza para buscar trabajadores. Según explicó, su preocupación no responde solo a una necesidad de mano de obra, sino a una preocupación por quienes permanecen allí sin que nadie los haya contratado. "Al dueño de la viña no le preocupa que su campo quede sin vendimia; le desgarra el corazón ver que hay hombres perdiendo la vida en la plaza, inmóviles, porque nadie los ha contratado", expresó. 

El "obrero de la primera hora"
El cardenal Rossi identificó a los "obreros de la primera hora" con quienes han recibido desde temprano la gracia de la fe, participan de la vida de la Iglesia y procuran vivir de acuerdo con ella. El riesgo, advirtió, consiste en considerar esas prácticas como méritos acumulados ante Dios. 

"Los que creemos acumular méritos en nuestra libreta de fidelidad" podemos caer, según explicó, en una actitud que lleva a mirar con recelo a quienes llegan más tarde a la fe o reciben la misericordia de Dios después de una vida alejada. En ese punto, recordó al buen ladrón, que recibe de Jesús la promesa del paraíso, y al hermano mayor de la parábola del hijo pródigo, que reclama ante la fiesta organizada por el regreso de su hermano. "Ante el Señor no es cuestión de cantidad, no es cuestión de calidad de trabajo. Ante él no hay premio de producción", afirmó. 

Para el cardenal Rossi, "la llamada al trabajo es gracia, y el premio es un don". Por eso, sostuvo que la recompensa no depende de "nuestro cálculo puntilloso", sino de la gratuidad de Dios.  

"El ojo malo es la envidia disfrazada de justicia"
El cardenal se detuvo también en la respuesta del propietario a los trabajadores que protestan: "¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?". El cardenal Rossi interpretó esa reacción como una expresión de la dificultad humana para aceptar la gratuidad. "El ojo malo es la envidia disfrazada de justicia", afirmó, y explicó que se trata de la incapacidad para alegrarse ante el bien que otro recibe de Dios. 

"Qué triste es descubrir que a menudo no queremos que Dios sea un padre para todos; queremos que sea un jefe estricto con los demás y un abuelo complaciente con nosotros", expresó. En contraposición, presentó la misericordia como una característica central del modo de actuar de Dios. "No le perdonamos a Dios su perdón. No le perdonamos a Dios que sea perdonador. No le perdonamos a Dios que sea bueno", afirmó. 

El cardenal Rossi sostuvo que los seres humanos pueden construir una imagen de Dios como un "Dios contable", que registra oraciones, misas, sacrificios y culpas para establecer un saldo final. Frente a esa imagen, afirmó: "El Dios de Jesucristo rompe la calculadora". 

"No hay categorías de salvación"
El cardenal explicó que el denario de la parábola no representa simplemente el pago por un trabajo realizado, sino que simboliza "la misericordia, el amor con mayúscula". "El amor no se fracciona", afirmó. En ese sentido, sostuvo que "no hay categorías de salvación" y que "todos estamos invitados a la misma mesa del Padre, sentados en el mismo nivel de gracia". También vinculó la parábola con la frase de Jesús: "Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos". 

Para el cardenal Rossi, esta afirmación cuestiona a quienes creen tener asegurado el lugar ante Dios por sus méritos, sus títulos, sus horas de oración o una conducta moral intachable. "Si te reconoces vacío, necesitado, rezagado y mendigo de misericordia, vas primero", afirmó. 

"Estar en la viña ya es la recompensa"
El cardenal Rossi invitó a revisar las motivaciones con las que los cristianos viven su fe y su servicio pastoral. La pregunta, propuso, es si se trabaja en la viña del Señor "para ganarnos el cielo" o "por la alegría de haber sido llamados". "Trabajar en la viña desde el amanecer no es una carga pesada por la que debamos exigir compensaciones, es un privilegio absoluto", sostuvo. 

Para el cardenal, el error de los trabajadores de la primera hora consiste en haber entendido su tarea como una esclavitud y no como un don. "Estar en la viña ya es la recompensa", afirmó. A partir de esta enseñanza, propuso "pasar de la lógica del contrato a la lógica del don, de la religión del mérito a la religión de la gracia". 

Una mirada marcada por la misericordia
Hacia el final de la homilía, el cardenal Rossi llamó a abandonar una actitud centrada en la crítica y en la identificación de quienes deben quedar fuera. En su lugar, propuso reconocer dónde aparece la vida y dónde actúa la misericordia de Dios. "Nos hacen falta cantores, poetas y mártires, que nos digan dónde está naciendo la vida hoy, en el corazón de los hombres y las mujeres de hoy", afirmó. 

También invitó a no presentar ante Dios una relación basada en la exigencia de recompensas: "No le digamos: yo te di esto, ahora te toca a vos darme aquello. Dejemos que Dios sea Dios". Por último, vinculó esta enseñanza con la participación en la Eucaristía. Invitó a acercarse a recibirla "como quien va a cobrar un sueldo merecido", sino con "las manos abiertas del mendigo", en reconocimiento de que estar cerca del Señor y participar de la vida eclesial constituye un don. 

"Que la bondad de Dios para con los que consideramos últimos no despierte en nosotros la queja, sino el canto de alabanza", concluyó, antes de encomendar esta petición a la Virgen.+