Tucumán celebró a la Virgen de la Merced y renovó el compromiso de 'abrazar a todos'

  • 24 de septiembre, 2026
  • San Miguel de Tucumán (AICA)
Mons. Sánchez llamó a vivir la cercanía con quienes sufren y la jornada reunió expresiones de religiosidad popular, homenajes gauchos y actos vinculados con la historia del pueblo tucumano.

La arquidiócesis de Tucumán celebró este 24 de septiembre la fiesta patronal de Nuestra Señora de la Merced con una jornada que comenzó con el saludo a la Virgen y el homenaje de las agrupaciones gauchas frente a la basílica de la Merced. A lo largo del día se celebraron las distintas misas, incluida la dedicada a las Fuerzas Armadas y de Seguridad. 

Por la tarde tuvo lugar el acto conmemorativo por la Batalla de Tucumán en la plaza Manuel Belgrano y, posteriormente, la tradicional procesión con la imagen de la Virgen hasta Plaza Independencia, donde el arzobispo, monseñor Carlos Sánchez, encabezó la misa central. Concelebró la Eucaristía el arzobispo emérito de esa arquidiócesis, cardenal Luis Villalba; el obispo auxiliar, monseñor Roberto Ferrari; el obispo emérito de Concepción, José María Rossi OP, junto con varios sacerdotes del clero.

Estuvo presente también en la celebración el gobernador, Osvaldo Jaldo,; el vice gobernador, Miguel Ángel Acevedo, y la intendenta de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla, junto con representantes de la Corte Suprema y de otras instituciones gubernamentales.

Con el lema "Con María de la Merced, abracemos a todos", la celebración reunió a numerosos fieles y peregrinos que participaron de las distintas expresiones religiosas y actos conmemorativos a la Virgen patrona de la arquidiócesis, generala y protectora del Ejército del Norte.

Durante la homilía, monseñor Sánchez destacó que la fiesta invita a experimentar primero la cercanía de Jesucristo y de María para poder transmitirla a los demás. "Así también nosotros podremos acercar el amor de Jesús y de su Madre a tantos hermanos, abrazando a todos", manifestó. 


En esa línea, pidió ser cercanos "a todo hombre o mujer que sufre, al que está cautivo por el dolor, el sinsentido, la angustia, la desesperación, la violencia, la pobreza, la adicción o el abandono".

El arzobispo también relacionó la libertad cristiana con el amor y el servicio. "La manera de vivir en libertad es vivir en el amor, el servicio y la entrega de la vida por el otro", afirmó, al señalar que Jesús abrió sus brazos en la cruz "para abrazarnos a todos, redimirnos y darnos vida nueva". También recordó la presencia de María junto a la cruz y su maternidad asumida al servicio del pueblo de Dios.

Monseñor Sánchez recordó la presencia de la Virgen en la historia tucumana y su vinculación con el Ejército del Norte: "Ella es la que acompañó al pueblo tucumano y al Ejército del Norte, junto a Manuel Belgrano, en la Batalla de Tucumán". Recordó también que María de la Merced acompaña al pueblo tucumano desde la fundación de la ciudad y que, como patrona y abogada, es signo de unidad y protección.

El pastor arquidiocesano exhortó a que la celebración se traduzca en gestos concretos de cercanía. "Que de esta fiesta de la Virgen salgamos con el compromiso de abrazar a todos", pidió, mencionando especialmente a niños, adolescentes, jóvenes, ancianos y enfermos, y reclamando una Iglesia servidora y misericordiosa, atenta a las situaciones de mayor dolor. "Con María de la Merced, abracemos a todos", concluyó.

Misachicos, peregrinación gaucha y memoria histórica
Las celebraciones habían comenzado en la víspera con la vestición de la imagen y la llegada de los tradicionales misachicos provenientes de distintas comunidades del interior tucumano. Los grupos peregrinaron llevando sus imágenes de la Virgen, acompañados por cantos, bombos y banderas, para participar de la fiesta patronal. 


El misachico, cuyo nombre proviene de la expresión "misa chica", constituye una tradición religiosa de profundo arraigo en el norte argentino. Se trata de imágenes de Cristo, de la Virgen o de algún santo, generalmente pertenecientes a una familia y transmitidas de generación en generación, que son resguardadas en urnas decoradas con flores, cintas y puntillas. Durante gran parte del año permanecen en altares familiares y, en determinadas fechas, son trasladadas desde los hogares hasta iglesias o santuarios para participar de las celebraciones religiosas.+