León XIV invitó a compartir la alegría del Evangelio, aún ante el rechazo de los demás

  • 11 de octubre, 2026
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En el Ángelus dominical, el Papa animó a anunciar el Evangelio con alegría y con fe, ya que la alegría cristiana "no es artificial", sino profunda y real, dijo.

El papa León XIV presidió el Ángelus este 11 de octubre ante numerosos fieles que acompañaron el rezo de la oración mariana desde la Plaza de San Pedro. 

Previamente, el pontífice centró su reflexión en el pasaje bíblico que narra el banquete de bodas, en el Evangelio según san Mateo, en el que un rey invita a numerosas personas a la boda de su hijo, pero muchos rechazan la invitación: "Los invitados, en lugar de unirse a la fiesta, se echan atrás y prefieren seguir ocupándose de sus asuntos. Algunos, incluso, molestos, insultan e incluso matan a los mensajeros del rey", señaló el Papa.

León XIV recordó que esta actitud también se produce hoy en día, en nuestra vida cotidiana: "También esto, lamentablemente, sucede: no siempre el bien que ofrecemos es comprendido, reconocido, apreciado; es más, a veces es malinterpretado y rechazado", manifestó. 

Ante esta realidad, el pontífice invitó a no desanimarse y actuar como el rey, que no suspendió la celebración por el rechazo, sino que amplió la convocatoria y envió a sus servidores a llamar a más personas por las calles, para que la alegría de los esposos pudiera convertirse en un don para todos.

"La fiesta de bodas es la nuestra"
El pontífice explicó que "la fiesta de bodas es la nuestra" y la sala del banquete son nuestras iglesias, nuestras casas, los lugares en los que vivimos y en los que cada día el Hijo del Rey, Jesucristo, vuelve a declararnos su amor y espera un "sí": "Allí nosotros lo encontramos, vestidos, como la esposa, con el vestido blanco del bautismo y adornados con las joyas de las buenas obras, que nos acercan a Dios y entre nosotros".

Anunciar el Evangelio con valentía y fe
Al concluir su mensaje, León XIV subrayó que la alegría cristiana "no es artificial", sino profunda y real: "Hermosa como los rostros de las personas que encontramos, verdadera como el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, los apretones de manos, los gestos de bondad de nuestros días. Y es un don de Dios, para la salvación del mundo".

Finalmente, pidió a María, Madre del Señor, "que nos ayude a crecer en esta alegría y a anunciarla siempre y en todas partes, también allí donde no es comprendida, con generosidad, con valentía y con fe".+