Card. Parolin: el derecho debe gobernar la IA para reducir las desigualdades

  • 21 de octubre, 2026
  • Roma (Italia) (AICA)
El secretario de Estado del Vaticano pidió normas capaces de orientar el poder tecnológico hacia el bien común y proteger a las personas frente a la exclusión.

El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, afirmó que es necesario desarrollar normas capaces de gobernar la inteligencia artificial y evitar que las nuevas tecnologías profundicen las desigualdades. Lo hizo al inaugurar, el 20 de octubre, el encuentro por el 150° aniversario de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

En su discurso, el purpurado reflexionó sobre el quinto capítulo de la encíclica Magnifica humanitas de León XIV, dedicado a la "cultura del poder y la civilización del amor", y destacó el papel del derecho frente a las transformaciones tecnológicas.

Para el cardenal Parolin, la formación de los juristas no busca hacer de ellos "simplemente un exégeta de textos normativos o un técnico en procedimientos", sino un "guardián de la legalidad" y un guía de las conductas humanas orientado a la salus animarum.

El purpurado vaticano sostuvo que el derecho, la legalidad y la justicia forman parte de la vida cotidiana y determinan las relaciones entre personas, comunidades y pueblos. En ese marco, señaló que las nuevas tecnologías plantean un desafío particular porque pueden favorecer la participación y la responsabilidad, pero también acrecentar "las desigualdades, el control y la exclusión".

La revolución digital y la dignidad humana
El cardenal Parolin comparó el desafío actual con el planteado por la revolución industrial. Así como Rerum novarum procuró preservar la dignidad humana frente a las transformaciones del trabajo, Magnifica humanitas propone una reflexión sobre la persona ante los avances de la inteligencia artificial. Por eso, consideró necesario contar con "instrumentos regulatorios adecuados capaces de salvaguardar la justicia y contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico".

El secretario de Estado también vinculó la regulación tecnológica con los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Mencionó el destino universal de los bienes, para garantizar el acceso a la tecnología y a la educación; la subsidiariedad, para preservar el papel de personas y comunidades en la toma de decisiones; y la solidaridad, que obliga a reconocer el trabajo invisible que sostiene los modelos algorítmicos.

En este contexto, el cardenal Parolin advirtió sobre una creciente concentración del poder tecnológico en actores privados y transnacionales, con recursos que pueden superar los de muchos gobiernos. Según explicó, la recopilación y gestión de datos permiten predecir y orientar comportamientos humanos, mientras que la automatización también alcanza las tecnologías bélicas y modifica la capacidad de los Estados para gobernar estos procesos.

Tres criterios para el derecho y la diplomacia
El cardenal propuso tres criterios para que juristas y diplomáticos contribuyan a construir una "civilización del amor": utilizar un lenguaje capaz de mediar y favorecer el diálogo; adoptar la perspectiva de las víctimas, especialmente de civiles, desplazados y refugiados; y cultivar un sano realismo que permita buscar instituciones creíbles, garantías verificables, negociaciones pacientes y mecanismos de prevención de conflictos.

Al referirse a la guerra, el cardenal Parolin afirmó que se ha extendido la convicción de que el conflicto es el único instrumento para gestionar las relaciones entre personas, comunidades y Estados. En línea con Magnifica humanitas, sostuvo que es necesario superar la teoría de la "guerra justa", utilizada con demasiada frecuencia para justificar conflictos, sin desconocer el derecho a la legítima defensa entendido en sentido estricto.

Finalmente, el cardenal Parolin advirtió que si las decisiones de legisladores o jueces fueran delegadas a sistemas predictivos basados en algoritmos, se debilitaría el fundamento ético del acto jurídico y el derecho podría quedar reducido a una técnica regulatoria.

"Es necesario desarrollar normas que nos permitan gobernar el fenómeno de la inteligencia artificial", concluyó, para eliminar las desigualdades y abrir paso a una mayor justicia.+