Mons. Liébana: 'El ser humano no florece a pesar del límite, sino a través de él'

  • 28 de octubre, 2026
  • Buenos Aires (AICA)
En una reflexión sobre Magnifica humanitas, el obispo de Chascomús llamó a reconocer la propia fragilidad, poner límites al uso de la tecnología y recuperar los vínculos comunitarios.

Monseñor Juan Ignacio Liébana, obispo de Chascomús, invitó a "reconciliarnos con nuestros límites" a la luz de la encíclica Magnifica humanitas, del papa León XIV, durante un encuentro de oración organizado por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) como preparación para la visita del pontífice al país.

"Cuando decimos límites podemos pensar en nuestras propias limitaciones y fragilidades, aquellas cosas que nos recuerdan que somos criaturas, que no somos dioses", explicó el obispo. Y mencionó situaciones cotidianas en las que se manifiestan: "Cuando nos enfermamos, cuando perdemos un ser querido, cuando algo no nos sale como habíamos planificado".

Al profundizar en el planteo de León XIV, monseñor Liébana citó una frase de la encíclica: "El ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite". En ese sentido, sostuvo que la fragilidad no debe entenderse como un defecto que hay que corregir, sino como una oportunidad para crecer y reconocer la necesidad de Dios y de los demás.

"El límite nos recuerda que dependemos, que no nos autoabastecemos", afirmó. Y agregó que Dios no quiere transformar al ser humano mediante sus propias fuerzas, sino que lo invita a aceptar su fragilidad: "No a pesar del límite, sino a través del límite".

El obispo también advirtió sobre la pretensión de alcanzar una autosuficiencia basada en el poder y el progreso tecnológico. Al referirse al transhumanismo y al posthumanismo, planteó que esas propuestas pueden presentar como ideal de felicidad dejar de ser humanos y superar toda limitación. Frente a esa perspectiva, recordó que "el ideal del hombre es justamente Cristo", en quien se revela la vocación de la humanidad.

Sobriedad digital y cuidado de los vínculos
Monseñor Liébana retomó otra de las propuestas de la encíclica: la necesidad de practicar la sobriedad digital. "No puedo estar todo el día pegado al celular, tengo que poner un límite porque, si no, me invade mi vida cotidiana y voy perdiendo lo que me hace humano, que es el vínculo con los demás", señaló.

También pidió establecer límites al uso de las redes sociales, especialmente para proteger a los niños de la exposición constante a estímulos digitales. "La única manera es volver a poner límites" y "recuperar los espacios de encuentro", sostuvo, al advertir que una sociedad hiperconectada puede, al mismo tiempo, estar aislada y sentirse sola.

"No podemos solos"
El obispo relacionó la aceptación de los límites con el respeto por los demás. Al referirse a los vínculos, advirtió sobre la tendencia a querer apropiarse de la otra persona y recordó que reconocer la alteridad implica aceptar que el otro tiene su propio espacio y sus decisiones.

"Muchas veces el límite nos ayuda a poder reconocer que hay un otro que nos puede ayudar porque no podemos solos. Y hay un otro con mayúsculas que es Dios", expresó. También señaló que la fragilidad abre a la compasión y a la preocupación por las necesidades ajenas, tal como plantea la encíclica.

En el cierre, monseñor Liébana invitó a reconocer las propias debilidades y a descubrir en ellas la acción de Dios. Recordó las palabras de san Pablo: "Te basta mi gracia, que mi poder triunfa en la debilidad", y concluyó: "Pidámosle al Señor que nuestra debilidad sea ese trampolín para descubrir la misericordia y el amor gratuito de Dios".

La reflexión fue parte de la propuesta de la CEA Recemos juntos para preparar la visita del Papa León, que convoca a las comunidades argentinas a rezar y disponerse para recibir al Santo Padre. La oración estuvo acompañada por Teresa Peltier, de la Orden de Vírgenes Consagradas de la arquidiócesis de Mendoza.

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