Durante la solemnidad celebrada en Jerusalén, el Patriarca Latino destacó que la Eucaristía es la presencia viva de Cristo que transforma la vida de los creyentes y los llama a ser testigos de amor.
El patriarca latino de Jerusalén pudo presidirla en el templo del Santo Sepulcro de Jerusalén, celebrada a puertas cerradas, sin peregrinos y concelebrada por unos pocos sacerdotes.
La policía israelí impidió que el cardenal Pierbattista Pizzaballa celebrara la misa del Domingo de Ramos en privado.
El Patriarcado Latino y la Custodia de Tierra Santa calificaron el hecho como una medida desproporcionada que vulnera la libertad de culto y rompe prácticas históricas.