La figura, de 20 metros de alto, pretende convertirse en un conmovedor símbolo de fe, perseverancia y esperanza para la población cristiana de la región.
Al final del Ángelus dominical, el Papa dirigió su pensamiento a Irán, escenario de protestas y violenta represión, y a Siria donde continúan los enfrentamientos. También pidió paz para Ucrania.
La Iglesia latina y el patriarcado greco-ortodoxo piden la intervención urgente de la comunidad internacional y denuncian el papel de las milicias que escapan al control de Damasco.
Los líderes cristianos en Tierra Santa piden medidas para "proteger la vida y la libertad religiosa".