El obispo de Formosa animó a la comunidad a que, "además de leer y meditar la Sagrada Escritura, hay que cumplirla con las obras", y llamó a prepararse con mayor intensidad para la Pascua.
El obispo de Formosa destacó que la verdadera alegría no proviene del poder ni la riqueza, sino de vivir las bienaventuranzas que enseñó Jesús: ser pobres de espíritu, mansos y misericordiosos.
El obispo de Formosa invitó a los fieles a colocar la Palabra de Dios en el centro de su vida personal y comunitaria. La definió como luz que ilumina, alimento que fortalece y criterio que discierne.
El obispo de Formosa destacó a Jesucristo como luz del mundo y exhortó a fortalecer la fe, la identidad bautismal y el compromiso cristiano.