La única iglesia católica de la Franja se quedó sin combustible, lo que privó a la comunidad de electricidad y, a los más de 700 refugiados que alberga, de cualquier medio estable de comunicación.
Cayeron bombas a 300 metros de la parroquia Sagrada Familia, en la que hay unas 700 personas refugiadas. Después de las explosiones, llegó la llamada del Papa.
El Patriarca Latino de Jerusalén presidió la misa en la solemnidad de la patrona de su diócesis y consagró los territorios y a las personas de Tierra Santa a la protección de la Madre de Dios.
El Papa invitó a "seguir rezando por la grave situación en Palestina e Israel". En particular, pidió que se permita la entrada de ayuda humanitaria a Gaza y que se libere a todos los rehenes.