Catamarca recordó la Independencia y el sermón del beato Esquiú
- 10 de julio, 2026
- San Fernando del Valle de Catamarca (AICA)
Durante el tedeum, que presidió el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello afirmó que el fraile "aparece... como un heraldo de la paz" y exhortó a ser "artesanos de paz".
Catamarca recordó la Independencia y el Sermón del Beato Esquiú
La comunidad diocesana de Catamarca celebró el 9 de julio una jornada patria en el marco del Año Jubilar por el Bicentenario del nacimiento del beato Mamerto Esquiú. La conmemoración unió el 210° aniversario de la Declaración de la Independencia con los 173 años del sermón de la Constitución que el fraile franciscano pronunció en 1853 en la iglesia matriz catamarqueña.
Las actividades comenzaron con el izamiento de la Bandera en la plaza 25 de Mayo y continuaron en el predio franciscano, donde hubo un desayuno patrio, la bendición de placas recordatorias y el acto oficial junto al monumento dedicado al beato.
Participaron el gobernador Raúl Jalil, el vicegobernador Rubén Dusso, autoridades provinciales, representantes de las fuerzas de seguridad, el obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc, sacerdotes, religiosos franciscanos, veteranos de Malvinas y fieles.
Durante el acto se interpretaron el Himno Nacional Argentino y el Himno a Catamarca. También hablaron el alumno José Ferrer, del Colegio Padre Ramón de la Quintana; el ministro provincial franciscano, fray Emilio Andrada, y el ministro de Gobierno de Catamarca, Alberto Natella.
La ceremonia tuvo además un significado especial al cumplirse el centenario de la inauguración del monumento al beato Esquiú, emplazado frente al templo franciscano San Pedro de Alcántara.
Un llamado a releer el Sermón de la Constitución
Luego del acto oficial, la imagen del beato Mamerto Esquiú fue llevada en procesión hasta la catedral basílica y santuario de Nuestra Señora del Valle, donde monseñor Mario Cargnello, arzobispo de Salta, presidió el solemne tedeum. Concelebró monseñor Urbanc junto con sacerdotes del clero diocesano y miembros de la comunidad franciscana.

Al comenzar la homilía, monseñor Cargnello explicó que deseaba reflexionar "a la luz del sermón de nuestro amado beato fray Mamerto Esquiú". Recordó que el religioso llamó a la Argentina "República de mi eterno amor... noble patria" y destacó la actualidad de su mensaje.
Tres ejes de reflexión
El arzobispo señaló que Esquiú desarrolló su sermón a partir de tres ejes: la libertad, la vida y la Constitución. Sobre la libertad sostuvo que el beato la entendía como un don que compromete a las personas y a los ciudadanos, y advirtió sobre el riesgo del egoísmo individual.
Respecto de la vida, afirmó que "el derecho a la vida es el primero y fundamental de los derechos humanos y es de cada persona humana desde su concepción hasta su muerte natural".
En cuanto a la Constitución, destacó que requiere gobernantes prudentes, jueces justos y ciudadanos que la respeten como guía para construir el bien común.
La paz como desafío para la Argentina
Monseñor Cargnello retomó imágenes bíblicas utilizadas por el Beato Esquiú y citó enseñanzas del papa León XIV sobre la reconstrucción de Jerusalén narrada en el libro de Nehemías. A partir de ese pasaje, invitó a construir una sociedad fundada en el bien común, la comunión y la responsabilidad compartida.
También pidió que dirigentes y ciudadanos trabajen por la reconciliación, la solidaridad y el servicio a los más vulnerables. "El sufrimiento de nuestros hermanos que padecen necesidad debe interpelarnos para dar respuestas que nos comprometan y no para buscar culpables sin ofrecer solución alguna", expresó.

Al concluir su homilía, el arzobispo afirmó: "Esquiú aparece, siguiendo este intento de releer su célebre Sermón de la Constitución, como un heraldo de la paz. También en nuestro tiempo nos duelen los enfrentamientos que son alimentados por palabras y actitudes que intentan crear un abismo entre los argentinos. Por eso, frente a esto, su palabra adquiere actualidad... Hoy, aquí, escuchamos su voz... Sintámonos interpelados y procuremos ser también nosotros artesanos de paz. Que Nuestra Señora del Valle, madre y pacificadora, nos proteja y anime".
Oración ecuménica y llamado a la solidaridad
Después de la homilía se elevaron las súplicas de los fieles y se realizó una oración ecuménica con la participación de representantes de la comunidad musulmana y de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Antes de la bendición final, monseñor Urbanc agradeció la presencia de monseñor Cargnello, de las autoridades y de los representantes de otras confesiones cristianas y religiosas.
También destacó la figura del beato Esquiú "como apóstol y ciudadano, servidor de la unidad" y recordó que la colecta del tedeum estuvo destinada a Cáritas como gesto solidario en favor de las personas más necesitadas.+
