Sábado 24 de octubre de 2026

Cuatro décadas después... otro 'mensajero de la paz'

  • 23 de octubre, 2026
  • Buenos Aires (AICA)
La autora recuerda las visitas de Juan Pablo II y, cuatro décadas después, destaca la llegada de León XIV como nuevo mensajero de la paz, llamado a abrazar al pueblo argentino en su esperanza y fe.
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Con motivo del próximo viaje apostólico del Santo Padre a la Argentina, AICA inauguró una sección de columnas semanales sobre el magisterio y el pontificado de León XIV. Cada viernes, académicos y comunicadores ofrecen reflexiones que profundizan en su enseñanza y testimonio. La agencia reafirma así su servicio a la comunicación católica y acompaña la preparación espiritual de las comunidades ante la visita papal.


Cuatro décadas después... otro 'mensajero de la paz'
Ana Woites *

El papa León XIV visitará la Argentina del 8 al 11 de noviembre. Se trata de la primera visita de un pontífice después de 39 años cuando san Juan Pablo II lo hizo en abril de 1987.

"Gracias Juan Pablo, bienvenido a nuestro hogar, Dios te bendiga, mensajero de la paz, toda la Patria renacerá", miles y miles de gargantas de argentinos cantaron entusiastas estas estrofas, una y otra vez, durante los inolvidables días, entre el 6 y el 12 de abril de 1987, cuando el papa Juan Pablo II realizó su histórica visita al país.

La canción oficial de aquella inolvidable visita, estaba inspirada en el lema de su viaje como mensajero de paz. Hoy, 39 años después, nuevamente un Sucesor de Pedro -León XIV- pisará suelo argentino como un nuevo mensajero de la paz, una paz que tanto anhelamos para la Patria y el mundo.

Un padre que abraza a sus hijos que sufren
La visita de abril de 1987, no era, sin embargo, la primera vez que el papa polaco visitaba a la Argentina. Cinco años antes, en 1982, realizó un viaje fuera de programa y de carácter urgente. Del 11 al 12 de junio, tan sólo 31 horas, en plena Guerra de Malvinas.

El Vaticano organizó esta visita en tiempo récord. Pocos días antes, Juan Pablo II había visitado el Reino Unido en un viaje que ya estaba programado desde hacía dos años. Para equilibrar esa visita y evitar que se interpretara como un apoyo a los británicos, decidió hacer una visita fugaz también a la Argentina de forma repentina.

Con paternal delicadeza escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: "A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Les escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe" y añadía: "Mi viaje a la capital argentina es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren".

Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un "acontecimiento nunca visto en el país" y "tal vez la mayor concentración de gente que haya recibido el Papa en sus trece visitas hasta el presente".

En los brazos de la Madre, la Virgen de Luján
Aquellos dos días de su visita, estuvieron cargados de una fuerte emotividad, con el trasfondo de la guerra, que transcurría sus últimos dramáticos días, no impidió -o tal vez fue la causa- que la espontánea manifestación de cariñosa devoción de los argentinos hacia el Sucesor de Pedro, se pusiera de manifiesto desde el mismo momento en que besó el suelo argentino.

Durante los 40 kilómetros que recorrió desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Riccheri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.

En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica, a los que dirigió unas palabras y bendijo. Luego se dirigió a la Casa Rosada, donde fue recibido por las autoridades de la Junta Militar, rezó en la capilla de la Casa de Gobierno y antes de retirarse se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.

Por la tarde Juan Pablo II inició su viaje a la Basílica Nacional de Luján para rezar por la paz ante la imagen de la Patrona de la Argentina, a la que le ofreció a la histórica imagen la "Rosa de Oro" que le había traído desde Roma y concelebró una misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto.

Una cadena más fuerte que la guerra
El 12 de junio tuvo lugar la histórica misa en gigantesco altar levantado junto al Monumento de los Españoles, en Palermo. El mismo sitio donde en pocos días el papa León XIV también celebrará la Eucaristía y presidirá una Vigilia de jóvenes.

Ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes, el pontífice reflexionó sobre la solemnidad del Corpus Christi que se celebraba ese día, haciendo referencia a que en ese mismo lugar se realizó el memorable Congreso Eucarístico Internacional en 1934.

Dirigiéndose particularmente a los jóvenes los exhortó: "Queridos amigos: Ustedes estuvieron constantemente en mi ánimo durante estos días. Aprecié de manera particular su acogida y actitud y vi en sus ojos la ardiente imploración de paz que brota de su espíritu. No dejen que el odio marchite las energías generosas y la capacidad de entendimiento que todos llevan dentro. Hagan con sus manos unidas - junto con la juventud latinoamericana- una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra. Así serán jóvenes y preparadores de un futuro mejor; así serán cristianos".

Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos Aires y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto de Ezeiza. El pontífice se despedía de la Argentina con un "¡Hasta la vista!".

Una semana inolvidable en el corazón de los argentinos
En 1987, durante la semana del 6 al 12 de abril, la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, San Miguel de Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.

Proveniente de la República de Chile, el lunes 6, a las cuatro de la tarde, arribó, al Aeroparque Jorge Newbery, y por segunda vez, Su Santidad Juan Pablo II, besó el suelo argentino: "Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me encomendó, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos", expresó.

Desde el aeropuerto se trasladó en papamóvil a la catedral metropolitana, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios. Desde el templo se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Raúl Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada, durante la cual el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder Judicial y ministros y secretarios de Estado.

Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la nunciatura apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.

Una jornada agotadora. Una fiesta de fe
El 7 de abril, muy temprano, el primer destino fue Bahía Blanca, al mediodía despegaron con destino a Viedma, después del mediodía partieron con destino a Mendoza y desde aquí, al caer de la tarde, partieron hacia Córdoba, último destino de este día.

En cada uno de estos lugares, Juan Pablo II, desarrolló una intensa actividad, no sólo escuchaba lo que el obispo del lugar expresaba y observaba las diferentes representaciones que habían preparado en su honor, sino que él se dirigía a los fieles que esperaban su palabra.

En Bahía Blanca habló de vocación cristiana y la evangelización del mundo rural. La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda. En Viedma, tuvo lugar una celebración de la Palabra y pronunció un discurso sobre la nueva evangelización "Formación y espiritualidad".

En Mendoza lo esperaban unas 200 mil personas, con un coro de 250 voces que entonó "Tu eres Pedro", y luego siguió una canción de cuna polaca. Tras el saludo del arzobispo, el pontífice dirigió unas palabras centradas en la paz, don de Dios y conquista de cada día: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. Terminada la ceremonia viajó a Córdoba, donde pasó la noche en la sede del arzobispado, el mismo lugar que visitará León XIV durante la próxima visita.

Antes de su última oración en la capilla privada de la curia cordobesa, salió al balcón para saludar a la multitud que lo reclamaba; tenía que estar sumamente cansado, después de tan largo y ajetreado día, era cerca de medianoche, le dio compasión de la muchedumbre y quiso hacerle la despedida menos dolorosa: "¿Cierto que en Córdoba de noche no se duerme?", preguntó. "Sí, cierto", respondieron felices. "¡Pero el Papa es normal y sí duerme!", les dijo. Entre la risa general y una última bendición, dejó el balcón.

Enfermos, familias, pueblos originarios, amor a la Patria
En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada en la catedral metropolitana donde lo esperaban 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo les dirigió unas palabras. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió una multitudinaria misa y dedicó la homilía al tema de la familia.

Por la tarde, nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. En la multitud que lo aguardaba se observó la misma fe y amor, la misma devoción y entusiasmo por ver, escuchar y recibir la bendición de Juan Pablo II. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. Tras el saludo del arzobispo el Papa pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria y los fieles tucumanos le presentaron algunos dones y productos regionales, en particular la caña de azúcar.

Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema "El V centenario de la evangelización de América Latina", dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, Juan Pablo II cenó y pernoctó en el arzobispado.

Lluvias torrenciales de religiosidad popular y piedad mariana
Por la mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.

Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo y por los más los 100.000 fieles que participaban como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema "La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización". El Santo Padre tuvo palabras improvisadas de elogio y admiración por la fe, resistencia y paciencia que habían tenido bajo la lluvia.

Por la tarde viajó a Paraná, donde mantuvo un encuentro, en la explanada de la aeroestación, sobre el tema "El mundo y los inmigrantes". Terminada la ceremonia religiosa, el Papa fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.

Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la nunciatura apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.

Un papa polaco y obrero: "Me considero uno de ustedes"
El viernes 10, después de celebrar una misa, en el estado del club Vélez Sarsfield, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, de la que participaron unas 30.000 personas, concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura, se dirigió en papamóvil a la catedral de los ucranios, para mantener un cálido encuentro con esa comunidad.

Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su visita. "Mi gozo es grande al encontrarme entre personas que comparten la condición común de trabajadores ¡Con toda franqueza les puedo decir que me siento especialmente cercano al mundo del trabajo, es más, me considero uno de ustedes!, expresó.

La jornada culminó en el estadio Luna Park, donde tuvo un emotivo encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.

El llamado a los laicos: extender el Reino de Dios en la ciudad temporal
La ciudad de Rosario recibió al papa Juan Pablo II el penúltimo día de su visita apostólica. Una multitudinaria misa en el Monumento Nacional a la Bandera, el tema principal de la celebración eucarística estuvo referido a los laicos: vocación y misión.

"¡El Papa confía en los laicos argentinos y espera grandes cosas de todos ellos para gloria de Dios y para el servicio del hombre!", exhortó y los alentó a "ser fieles a su vocación cristiana y a su apostolado eclesial específico, de trabajar por la extensión del Reino de Dios en la ciudad temporal".

Después de la misa, el pontífice rezó una plegaria en el Monumento a la Bandera pidiendo al Señor para que "este insigne monumento, lleno de patriótica significación, sea, con tu bendición, símbolo eficaz de la unidad de todos los argentinos".

"Quiero ver Luján"
En el vuelo de regreso a Buenos Aires, Juan Pablo II expresó al comandante de la Aeronave, comodoro Alberto Vianna, su deseo de sobrevolar la Basílica de Luján. "Quiero ver Luján", manifestó. Una vez autorizado por el control de área para pasar, en vuelo rasante, sobre la basílica nacional de Nuestra Señora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Juan Carlos Aramburu y Raúl Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.

Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos y en la nunciatura apostólica con la comunidad islámica en la Argentina.

A la noche, la comitiva papal se dirigió a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Primera Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos y banderas. El acto tuvo representaciones escénicas y tras las intervenciones de jóvenes de diversos países, Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.

Un Domingo de Ramos inolvidable
La segunda visita del papa Juan Pablo II a la Argentina concluyó el domingo 12 de abril -Domingo de Ramos-, con una multitudinaria misa en la avenida 9 de Julio, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.

El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa "envió" a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.

Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó el Ángelus ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.

Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con los obispos en la misma sede, les dirigió un mensaje.

En el corazón del Papa
Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo la cultura argentina y desde el primer Coliseo argentino salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde se despidió de los argentinos con sentidas palabras: "En esta breve pero intensa peregrinación de acción de gracias, que me llevó a distintos lugares de este amado país, pude comprobar los grandes recursos tanto de orden humano como material con que la Providencia de Dios dotó abundantemente a la Argentina".

"Sobre todo, añadió, tuve la dicha de encontrarme con la realidad viviente de estas tierras, es decir, con su pueblo, tan hospitalario y bondadoso, y con su prometedora juventud. Gocé al encontrarme con el hombre del agro, con el que trabaja en su taller de artesano o en las grandes plantas industriales, con quienes viven en el campo o en la ciudad. En todos pude apreciar una gran cordialidad y un afán de superación humana y espiritual que honran a su patria".

"Comprenderán muy bien que mi mayor complacencia haya sido encontrarme, esta vez por toda la República, con un pueblo religioso que, en torno a sus Pastores y en unión con el Sucesor de Pedro, está dispuesto a manifestar su fe y a corroborar su compromiso cristiano en la tarea de reconciliación entre todos los argentinos". "Pueden estar seguros de que los llevo a todos muy dentro de mi corazón. ¡Hasta siempre, Argentina!"

A las 19.30 despegó el avión papal rumbo a la ciudad eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando a todos una profunda e imborrable emoción.+
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* Profesora de historia en la Universidad del Salvador y en el Seminario Catequístico Seminario Catequístico Santísima Trinidad. Miembro de número de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina. Trabajó durante más de 40 años en AICA.