El Papa agradeció a las benedictinas el bien que hacen por la Iglesia
- 30 de marzo, 2026
- Ciudad del Vaticano (AICA)
León XIV recibió en el Vaticano a tres comunidades de monjas benedictinas y a un grupo de monjes, a los que animó a continuar realizando su "obra de Dios".
León XIV da la bienvenida a tres comunidades monásticas benedictinas (Vatican Media)
"Queridos hermanos y hermanas, gracias por el inmenso bien, a menudo oculto, que hacen por la Iglesia a través de sus ofrendas, su oración constante, su servicio y el testimonio de sus vidas. Continúen con esta labor, que es la 'obra de Dios'", alentó el papa León XIV este lunes a tres comunidades de monjas benedictinas y a un grupo de monjes que recibió en el Vaticano.
Las religiosas pertenecen a la comunidad monástica de la Abadía de Santa Escolástica en Subiaco, a la comunidad monástica de la Abadía de Santa María del Monte en Cesena y a las monjas benedictinas de la Abadía de Santa Escolástica en Bari.
El Santo Padre expresó su alegría por reunirse con ellos y reflexionar juntos sobre el valor del carisma benedictino en sus vidas, en la Iglesia y en el mundo.
León XIV recordó cómo San Benito exhortaba a los fieles a "vigilar continuamente las acciones de su vida" y señaló que los religiosos benedictinos contemplativos son conscientes de cómo la oración y la lectura devocional de la Palabra de Dios ayudan a mantener esta vigilancia.

De esta forma, dijo el Papa, quienes la practican pueden comprender la verdad sobre sí mismos, reconocer sus propias debilidades y pecados, y celebrar las gracias y bendiciones del Señor. Así, se fortalece nuestro deseo de pertenecerle y se confirma el voto de nuestra consagración.
Por lo tanto, subrayó que la Sagrada Escritura debe ser siempre "el alimento de su contemplación y de su vida diaria, para que puedan compartir esta experiencia transformadora".
Camino de santificación
El pontífice señaló que el camino de santificación para una monja, "por muy rico en fervor e inspiración que sea", no puede reducirse a un mero viaje personal, pues necesariamente tiene una dimensión comunitaria, vivida en el servicio fraterno, "que refleja el amor universal de Cristo por la Iglesia y por la humanidad".
El Santo Padre los animó en su práctica diaria de "caminar juntos", en la escucha mutua, en el discernimiento comunitario bajo la guía del Espíritu Santo y en la comunión con la Iglesia local y la Congregación monástica benedictina, especialmente en las asambleas fraternas, la oración común y las decisiones compartidas.
Modelo para todo el pueblo de Dios
La vida monástica, dijo el Papa, se convierte, en un mundo a menudo marcado por el egocentrismo y el individualismo, en un modelo para todo el Pueblo de Dios, recordándonos que ser misioneros, antes que hacer cosas, requiere una forma de ser y de vivir las relaciones.
Elogió un aspecto particular de la misión de clausura: el de la intercesión, en la cual la Palabra, hecha oración, nos une a Cristo, quien intercede por nosotros.
El Papa afirmó que este es "un aspecto primordial y fundamental de la labor que se les encomendó" y los invitó a inspirarse en la profetisa Ana, que nunca abandonó el templo, sirviendo a Dios día y noche con ayuno y oración.
"Tras enviudar y ya de edad avanzada, había hecho de la casa de Dios su hogar", dijo, y añadió que "la oración y el ascetismo le permitieron reconocer al Mesías".
Primacía de la caridad y del amor a Cristo
El Papa también hizo hincapié en la importancia de la formación continua, arraigada en "conocer el amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento", y elogió sus grandes esfuerzos, vividos bajo "la primacía de la caridad", para que cada monasterio se convirtiera cada vez más en una "escuela del servicio del Señor". Finalmente, los encomendó a la Santísima Virgen María, a San Benito, a Santa Escolástica y a los varios santos benedictinos.+
