Goya celebró el día de Santa Teresa de Jesús con un llamado a la santidad
- 16 de octubre, 2026
- Goya (Corrientes) (AICA)
Mons. Canecín presidió la celebración por los 130 años de las Carmelitas Misioneras Teresianas e invitó a mostrar, alimentar y arder en santidad.
Goya celebró el día de Santa Teresa de Jesús con un llamado a la santidad
La diócesis de Goya celebró este 15 de octubre la festividad de Santa Teresa de Jesús con una misa de acción de gracias por los 130 años de presencia y misión de las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas.
La celebración tuvo lugar en la catedral Nuestra Señora del Rosario y fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Adolfo Canecín. Concelebraron los sacerdotes Ariel Giménez, Boris Escobar, Daniel Alarcón y Miguel Ángel Galeano.
También participó la hermana Teresa Rosas Naranjo, animadora provincial de la congregación, quien llegó a Goya para compartir este acontecimiento significativo para la familia palautiana y toda la comunidad diocesana.
Las Carmelitas Misioneras Teresianas tienen a su cargo el Instituto Santa Teresa de Jesús, donde desarrollan su misión educativa y evangelizadora a través de los niveles primario y secundario.
Gratitud por un carisma que echó raíces en Goya
Al inicio de su reflexión, monseñor Canecín expresó el agradecimiento de toda la diócesis por la presencia de la congregación en estas tierras.
"Toda la Iglesia diocesana expresa su gratitud hacia este carisma teresiano, hacia Francisco Palau, hacia Santa Teresa y hacia todas las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas, que fueron las primeras hermanas que llegaron a América; el primer lugar fue Goya", destacó.

Tomando como punto de partida la oración colecta de la memoria litúrgica de Santa Teresa de Jesús, el obispo propuso tres palabras que, según explicó, sintetizan tanto la vida cristiana como la misión de las religiosas: mostrar, alimentar y arder.
"Estas tres palabras nos vienen bien a todos los cristianos en general, pero creo que definen la tarea de las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas, sobre todo en la misión de educar evangelizando y evangelizar educando", afirmó.
Mostrar el camino que Dios tiene para cada persona
Al desarrollar la primera de estas palabras, monseñor Canecín subrayó que la tarea educativa va mucho más allá de la transmisión de conocimientos académicos.
Explicó que educar implica ayudar a descubrir el proyecto que Dios tiene para cada persona y reconocer que cada ser humano es amado y elegido desde toda la eternidad.
"Qué lindo es poder reconocer eso tan auténtico, genuino, que está dentro de cada uno. El gran riesgo es pasar por este mundo y no haber descubierto ese tesoro que Dios puso como algo inédito en cada ser humano", reflexionó.
Alimentar la vida espiritual
Al referirse a la segunda palabra, el obispo evocó la proclamación de Santa Teresa de Jesús como doctora de la Iglesia por san Pablo VI en 1970 y animó a profundizar en sus escritos y enseñanzas.

Destacó que su legado espiritual continúa alimentando la fe de generaciones de creyentes y constituye una fuente inagotable para quienes desean crecer en el camino de la santidad.
Hacer arder el corazón
Finalmente, al hablar del verbo "arder", monseñor Canecín invitó especialmente a los educadores a promover una formación integral que despierte en los jóvenes el deseo de una vida plenamente orientada a Dios.
"Que toda tarea formativa haga arder el corazón de los alumnos", exhortó.
A su vez, pidió que la educación no se limite únicamente a la adquisición de conocimientos, sino que ayude a suscitar el anhelo de la verdadera santidad.
"Que nos queden estas tres palabras: mostrar, alimentar, arder", concluyó.
El recuerdo agradecido de las primeras misioneras
Al finalizar la celebración, la hermana Teresa Rosas Naranjo dirigió unas palabras de agradecimiento y recordó los orígenes de la presencia de la congregación en América.
"Hace 130 años, seis mujeres, seis religiosas, la mayor tenía 27 años, dijeron sí al Señor y sí a la congregación cuando pidieron voluntarias para venir a América", relató.

La religiosa destacó la valentía y la fe de aquellas primeras misioneras que llegaron a Goya para responder a una necesidad concreta de la Iglesia mediante la educación de los jóvenes.
También expresó su gratitud por todas las hermanas que, a lo largo de más de un siglo, entregaron su vida al servicio de la misión, así como por los laicos que compartieron y sostuvieron el carisma carmelitano-teresiano.
Reconocer la belleza del otro
En su mensaje, la hermana Teresa invitó a seguir viviendo la espiritualidad inspirada por el beato Francisco Palau, basada en la comunión y en el reconocimiento de la presencia de Dios en cada persona.
"Cada uno de nosotros tenemos que reconocer la belleza del otro, porque es imagen y semejanza de Dios", expresó.
Además, alentó a mantener "un corazón grande, ojos y manos abiertas" para escuchar las necesidades de la Iglesia y ofrecer respuestas concretas desde la vocación de cada uno.
La conmemoración de los 130 años de presencia de las Carmelitas Misioneras Teresianas en Goya se convirtió así en una ocasión para agradecer una rica historia de evangelización y educación, renovar el compromiso misionero y reafirmar el llamado a mostrar el camino de la fe, alimentar la vida espiritual y mantener encendido el deseo de santidad.+
