El Vaticano alertó sobre los desafíos que enfrentan los trabajadores marítimos
- 10 de julio, 2026
- Ciudad del Vaticano (AICA)
En su mensaje para el Domingo del Mar de 2026, el cardenal Michael Czerny alertó que en el presente el mar está "cada vez más marcado por la tensión, la inseguridad, la guerra y el miedo".
Mensaje del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral por el Domingo del Mar (redes)
Cada año, el segundo domingo de julio, se conmemora el Domingo del Mar, un día dedicado a orar por los trabajadores marítimos y sus familias. En 2026, esta celebración tendrá lugar el 12 de julio bajo el lema "Puertos de esperanza: La Iglesia al lado de los marineros".
El cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, escribió un mensaje para la ocasión, titulado "Más allá de la carga y el comercio: el rostro humano del mar".
Más que su trabajo
En su mensaje, el prefecto destacó cómo el mundo sigue dependiendo de los mares, lagos, ríos y vías fluviales. Sin embargo, hizo hincapié en las personas que trabajan en el sector marítimo: los más de 1,8 millones de personas cuyo trabajo está vinculado a las vías navegables.
Muchos medios de subsistencia, comunidades y familias dependen de estos hombres y mujeres. "La crisis del estrecho de Ormuz le ha recordado al mundo la profunda dependencia de la humanidad del mar y de quienes trabajan en él", explicó el cardenal Czerny.
Por eso, en el Domingo del Mar, la Iglesia católica "recuerda a estos hombres y mujeres no solo por el trabajo que realizan o las mercancías que transportan, sino como personas humanas creadas a imagen y semejanza de Dios y dotadas de una dignidad inviolable".
Cada trabajador marítimo o marinero tiene una historia y, como recalcó el purpurado, merece ser "visto, honrado y apreciado".
Una sensación de aislamiento
Sin embargo, el cardenal Czerny señaló que los trabajadores marítimos siguen enfrentándose a la incertidumbre, ya que el mar, "que durante mucho tiempo ha conectado a pueblos y naciones, está cada vez más marcado por la tensión, la inseguridad, la guerra y el miedo".
Las tripulaciones no solo tienen que afrontar los peligros del mar, sino que ahora también se enfrentan a las consecuencias del conflicto: escasez de alimentos, confinamiento y temor por sus propias vidas.

Este cambio ha aumentado su sentimiento de aislamiento respecto de la sociedad en su conjunto, así como el tiempo que pasan separados de sus familias y su fatiga emocional.
Incluso con la tecnología, el prefecto argumentó que muchos sienten un aislamiento aún mayor, ya que "la cercanía humana es cada vez más escasa".
Los trabajadores marítimos ven cómo sus tripulaciones se reducen, el tiempo en tierra es menor, la presión es constante y los horarios son muy ajustados.
Como subraya la encíclica Magnifica humanitas del papa León XIV, los sistemas tecnológicos y económicos jamás deben reducir a las personas a "datos, un engranaje de una máquina o una mercancía". Por el contrario, deben preservarse la dignidad humana y la libertad.
Por lo tanto, un buque nunca debe ser un lugar de "aislamiento silencioso o indiferencia, una Babel moderna donde la gente vive una al lado de la otra, pero permanece invisible e inaudible".
El mar nos une
La vida en el mar, en cambio, puede ser un ejemplo de personas de diferentes naciones, culturas y creencias que conviven en fraternidad, solidaridad y respeto.
El cardenal Czerny destacó cómo el mar puede enseñar a la humanidad que "todos pertenecemos los unos a los otros. Los océanos no dividen a las personas; las unen". La Iglesia católica trabaja para recordar a todos los trabajadores marítimos que nunca están solos ni olvidados.
Además, los océanos no son simplemente rutas comerciales, sino que son creación de Dios, confiada a la humanidad para su cuidado. Sin embargo, las vías fluviales del mundo sufren de contaminación, degradación ambiental y sobreexplotación. Aproximadamente el 88% de la superficie marina está contaminada por residuos plásticos, mientras que ya para 2018, casi el 90% de las reservas pesqueras mundiales habían sido sobreexplotadas o agotadas.
Este no es solo un problema de la vida marina o de los trabajadores marítimos. Como recalcó el prefecto, "cuando los océanos sufren, la humanidad sufre con ellos". Es responsabilidad de todos proteger la vida marina, promover prácticas éticas y sostenibles, defender la dignidad y la seguridad de los trabajadores marítimos y fomentar un espíritu de responsabilidad global para el cuidado de nuestros mares.
La Iglesia tampoco puede permanecer ajena a esta responsabilidad. Al contrario, debe estar cerca de los trabajadores marítimos y los marineros. "Está llamada a subir a bordo: a acompañar, a escuchar, a consolar, a defender la dignidad humana y a convertirse en un signo visible de esperanza y de hogar en medio de las tempestades de la vida".
Mediante capellanías y ministerios dedicados a estos hombres y mujeres, la Iglesia puede continuar esta "larga tradición del Apostolado del Mar", centrada en recordar a cada "marinero, pescador, trabajador marítimo y trabajador de la navegación interior que son recordados, valorados y que nunca están solos".+
