Las visitas papales en la experiencia de un periodista
- 3 de noviembre, 2026
- Buenos Aires (AICA)
Enviado especial a tres viajes de Juan Pablo II por América, el periodista Jorge Rouillon comparte esas experiencias y aporta consejos de cara a la próxima visita de León XIV a la Argentina.*
Jorge Rouillon comparte su experiencia periodística en las visitas papales.
La visita de un Papa a un país siempre acapara la atención de los medios de comunicación que de una u otra manera no quieren perder detalles de ese acontecimiento, considerado siempre como de gran relevancia para el país que recibe tan importante visita.
El periodista Jorge Rouillon, presidente del Club Gente de Prensa, ex redactor del diario La Nación y colaborador de AICA, comparte en una entrevista su vasta experiencia en cubrir esas visitas como comunicador y como católico y advierte sobre aquello que puede perderse cuando sólo se mira el escenario: las reacciones de la gente, los pequeños gestos y la precisión de los datos.
Rouillon -encargado de la columna semanal de actividad religiosa del diario La Nación durante dos períodos, unos quince años en total- fue enviado especial a tres viajes del papa san Juan Pablo II por América Latina.
-¿Cómo fue acompañar los viajes de Juan Pablo II por América Latina?
-Acompañé tres viajes del papa Juan Pablo II. En 1980, por muchas ciudades de Brasil, fue una experiencia periodística interesante, porque era ir en un avión con periodistas de distintos países del mundo. En ese entonces la comunicación no era como ahora, estaba la dificultad para transmitir, porque no había teléfono directo o celular, uno tenía que ir a un lugar donde transmitieran su nota por telex, que no eran muchos los órganos periodísticos o empresas que lo tenían. Ahora la comunicación es más fácil y rápida, pero como es más fácil, el consejo es que hay que pensar un poquito mejor. Porque cuando uno tiene más tiempo piensa más, medita más y trata de hacer mejor, más equilibradas las cosas.
Otro viaje después fue en 1983 por varios países de Centroamérica, a Costa Rica, Panamá, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Haití. Y después en el año 1985 fui a un viaje que era Venezuela, Ecuador, y Perú, varias ciudades de cada lugar. Después las dos veces que vino acá, ya no era el único enviado especial del diario, sino uno más de los encargados de la cobertura.
-¿Qué diferencias hay en esta visita de León XIV con las anteriores visitas de Juan Pablo II al país?
-La primera vez que vino Juan Pablo II a la Argentina, fue en 1982, en medio de la guerra de Malvinas, que terminó un poquito después, casi inmediatamente. Él tenía previsto, desde hacía mucho tiempo, una visita a Inglaterra y justo surgió el enfrentamiento bélico. Entonces, algunos decían: "¿Cómo va a ir a Inglaterra cuando está en guerra con la Argentina?" y después llegó su carta anunciando que no pudiendo suspender esa visita ya programada quería venir también a nuestro país a acompañarnos en un momento tan delicado. Todo fue muy veloz, la preparación y esos dos días de su visita. Tiempo después, en 1987, siendo presidente Raúl Alfonsín, ya con gobierno democrático, realizó una visita más larga, en la que fue a muchos lugares de nuestro país. Además de Buenos Aires, estuvo en Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, San Miguel de Tucumán, Corrientes, Paraná, Rosario... Esta visita fue más preparada.
La inminente visita de León XIV, hasta cierto punto también contó con bastante poco tiempo para su preparación. Si bien había un anhelo desde hace mucho tiempo de que venga el papa Francisco, y que finalmente -por diversos motivos- nunca pudo concretarse. Están organizando una visita papal en un corto plazo de dos meses, con todo lo que eso implica y una visita que también será muy corta, parecida a la primera de Juan Pablo II.
-¿Cómo supone será el encuentro del Papa con la gente?
-Comparada con la segunda visita de Juan Pablo II, en la que hubo más tiempo y más actos y los encuentros con la gente fueron multitudinarios. En este caso, al ser más acotada la visita y los lugares para tener un encuentro con el Santo Padre, se buscaron lugares muy amplios, para facilitar la llegada de las personas y que puedan saludar al pontífice, aunque sea de lejos, rezar con él, y tal vez, en el mejor de casos, cruzar la mirada si se da la ocasión. Y si bien, se puede ver mejor por televisión, siempre es un gusto especial la presencia personal y el ambiente compartido con otras personas, con multitudes, que sea un momento de convivencia y también de elevación de alma a Dios, de todos los que participen. Es el vicario de Cristo que viene y no se da muy seguido que digamos.
-¿Cómo es la relación entre verdad y periodismo?
-Uno tiene que tratar de ser fiel a la verdad, que también supone trabajo, supone estudiar y analizar. Hay periodistas de investigación que tienen muchas semanas para investigar un tema, pero otras veces hay que comprender que algunos periodistas tienen que hacer sobre el momento, muy urgidos por la instantaneidad, lo que pueden. Pero lo ideal es que, sobre un tema, cualquiera que sea, hay que tratar de estar un poco preparado antes. Y esto vale también para cuando se cubre un acontecimiento religioso; no es lo mismo decir 'una misa' que decir 'un servicio religioso', por ejemplo. Es tratar de conocer el tema, los términos precisos, lo mismo que haríamos si tuviéramos que cubrir una actividad deportiva o económica, consultaríamos con la gente que sabe del tema. En este caso, a lo mejor algún eclesiástico o laico que esté en la organización.
También uno tiene que encomendarse a Dios y rezar un poquito para que salga lo mejor posible. Nunca estamos siempre al cien por ciento en todo lo que estamos viviendo. A lo mejor la nota haya salido bien, pero podría haber salido mejor. Es hacer lo mejor que se puede en ese instante urgido, pero de todas maneras el deseo tiene que estar en tratar de conocer lo más posible.
-¿Qué expectativas se espera de esta visita de León XIV para la Argentina de hoy?
Primero no anticipo demasiado, porque los mensajes generalmente son muy preparados. Tiene asesoramiento, conocimiento de antes que le pueden mandar de acá o mismo de Roma, así que normalmente no hay mucha improvisación, salvo alguno que otro gesto. Pero los discursos normalmente vienen ya preparados para la ocasión, pensados y sopesados, entonces uno no se puede anticipar mucho a qué es lo que querrá decir y el ambiente en que lo va a decir. Hay que estar atentos para advertir si al leer el texto previo le agrega algo saliente.
Supongo yo también que tendrá en cuenta favorecer la convivencia armoniosa dentro de la sociedad. Lo más seguro es que va a remitir a Cristo, el fundador de la Iglesia; para los creyentes es el Hijo de Dios hecho hombre. No solamente los principios generales de convivir en paz, la solidaridad, etc., que son buenos principios, sino también al fundamento y la fuente de esos principios, que surgen de la relación con Dios. Y seguramente en cada acto priorizará algún punto determinado poniendo el acento en, por ejemplo, la preocupación por la gente más necesitada, más pobre, más enferma, más sola, o lo que fuera. Seguramente todas las cosas en cada momento se van a decir.
-¿Qué puede aconsejar un periodista experimentado a un joven que inicia en la profesión?
Mirar un poquito la reacción de la gente. Estar atento a los comentarios, a cómo le cae a cada uno, a qué reacciona. Puede haber gente muy emocionada, puede haber gente que sonría, puede haber gente medio confusa. Y mirar mucho todos los detalles, por ejemplo, en los actos públicos, por un lado, es importante estar cerca o ver bien, supongamos un palco, una escena, ¿quiénes están?, ¿dónde están? Si el Papa está rodeado de tal o cual obispo. Pero al mismo tiempo, también es interesante circular, observar los alrededores, uno puede hacer todo y ser preciso con los datos que se dan, no caer en la exageración, en la que muchas veces se cae para llamar la atención. Hay que ser sobrio, atenerse a la mayor precisión que se pueda.
-¿En coberturas como estas, cuál es la responsabilidad de los periodistas católicos?
-Primero que todo los periodistas tienen que tratar de ser fieles, de transmitir el sentido del acto. Recuerdo que cuando tuve que seguir un viaje de Juan Pablo II por distintas ciudades de Brasil, en 1980, la impresión que me daba de algunos periodistas era que venían a cubrirlo como si fueran a un campeonato de fútbol o como un acontecimiento popular, pero sin ahondar demasiado. Muchas veces las visitas papales son interpretadas en un sentido que no es el estrictamente espiritual, religioso, cristiano. Pero los que sí son católicos, y más aún si son practicantes, tienen que tratar, en la medida de lo posible, de reflejarlo y difundirlo haciendo hincapié en aquellas partes en que además haga hincapié el mismo Papa o que parezcan más ilustrativas para el público, o que más puedan explicar o ahondar un poquito.
-¿En Rouillon, cómo influye su fe en la forma de ejercer el periodismo?
Yo pienso que es una misión que el Señor te ha dado o cierta inclinación, vocación de ser periodistas. Transmitir hechos, verlos y transmitirlos, tratar de valorarlos, ponderarlos, en la medida de lo posible. Y siempre uno mismo, también siendo un hombre de fe, tratar de que influya para el bien de las personas, no engañar, no mentir, no dar excesiva relevancia a hechos que son irrelevantes o que son menores, sino tratar de centrarse en lo fundamental. Uno se esfuerza y trata de dar lo mejor posible. La actitud central es tratar de reflejar la verdad, con exactitud y con la mejor aproximación posible y uno siempre tiene la inquietud de que sea para bien, de que transmita algo bueno para los que oyen o escuchan o leen.+
(*) Nota preparada en colaboración con alumnos de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Austral.
