Viernes 9 de octubre de 2026

Mons. Zordán: 'Nuestra patria nos necesita testigos de alegría y esperanza'

  • 8 de octubre, 2026
  • Gualeguaychú (Entre Ríos) (AICA)
En la fiesta de la Virgen del Rosario, el obispo de Gualeguaychú habló de un país atravesado por el cansancio y la confrontación y pidió a los cristianos ser "alegres y misioneros".
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La catedral de Gualeguaychú se colmó de fieles el 7 de octubre para celebrar a la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad y de la diócesis. La tradicional procesión alrededor de la plaza San Martín debió suspenderse por las condiciones climáticas, pero la inclemencia del tiempo no impidió que la comunidad se reuniera en torno a la misa.

La celebración fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Héctor Zordán MSsCc, acompañado por el obispo emérito de Goya, monseñor Ricardo Faifer, y por numerosos sacerdotes de la ciudad. Participó también el intendente Mauricio Davico, junto a funcionarios de su gabinete.

En su homilía, monseñor Zordán tomó como punto de partida el saludo del ángel a María en la Anunciación: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Explicó que el anuncio no comienza con una exigencia ni con una tarea, sino con una invitación a la alegría, y recordó que la expresión original del Evangelio de Lucas, traducida al latín como "Ave", dio origen a la primera palabra del Ave María.

La alegría cristiana tiene una fuente concreta
Para el obispo, la alegría cristiana tiene una fuente concreta, el encuentro con Jesucristo, y no significa desconocer las dificultades: señaló que la propia María atravesó momentos de profundo sufrimiento, desde Belén y la huida a Egipto hasta la cruz. El prelado planteó además que ser cristiano no se reduce al cumplimiento de normas, sino que supone haber descubierto que Dios ama inmensamente a cada persona.

Uno de los pasajes centrales de la homilía se refirió a la situación social del país. Monseñor Zordán sostuvo que la sociedad atraviesa un tiempo de mucha preocupación, cansancio e incertidumbre, con numerosas familias en situaciones difíciles, y advirtió sobre el crecimiento de la desconfianza, la confrontación y las palabras hirientes y descalificadoras.

Frente a ese escenario, dijo que los cristianos no están llamados a ofrecer una alegría ingenua, sino una esperanza capaz de convivir con el dolor y de mirar más lejos. "Nuestra patria nos necesita testigos de la alegría y de la esperanza", afirmó, y consideró que vivir desde esa esperanza puede ser un signo profético frente al desencuentro y un aporte concreto al bien común.

Hacia el final de la celebración, el obispo puso nuevamente a la comunidad bajo la protección de la Virgen del Rosario y le pidió que anime a los fieles a redescubrir la alegría de saberse amados por Dios y a vivir una fe que no quede encerrada en lo personal.+