Recordaron a fieles cristianos sirios masacrados en 1915
- 26 de junio, 2026
- Buenos Aires (AICA)
El denominado genocidio siríaco fue recordado con una liturgia y una placa en el templo San Efrén, de la Iglesia Siriana Ortodoxa de Antioquía, en el barrio porteño de Villa Ortúzar.
Celebración litúrgica en la Iglesia Siriana Ortodoxa de Antioquía
Al cumplirse 111 años del genocidio siríaco, el arzobispo siriano ortodoxo de Antioquía en la Argentina, monseñor Crisóstomo Juan Gassali, ofició una celebración litúrgica el domingo 21 de junio en la iglesia San Efrén el Siriano, Tronador 1067, en el barrio porteño de Villa Ortúzar.
Luego se descubrió en el atrio una placa recordatoria de los cristianos siríacos asesinados por fuerzas del imperio otomano en 1915, simultáneamente con el genocidio del pueblo armenio; la placa dice: "Nuestros mártires siempre en la memoria".
"Estos amados seguidores de Nuestro Señor Jesucristo representan la máxima enseñanza de entrega y amor en el sendero del Reino de Dios", dijo monseñor Gassali en la homilía, en la que subrayó el poder de la fe, de la tolerancia y del ejemplo.
Concelebró la liturgia en el templo y acompañó el descubrimiento de la placa el obispo primado de la Iglesia Apostólica Armenia de la Argentina y Chile, monseñor Aren Shaheenian.
Liturgia del apóstol Santiago
Se celebró la divina liturgia del apóstol Santiago, el primer obispo de Jerusalén, traducida del idioma original arameo al español, según el rito de la Iglesia Siriana Ortodoxa de Antioquía. Hubo profusión de incienso, respetuosas inclinaciones de cabeza y otros gestos de reverencia, y parte de la celebración se realizó detrás de una cortinilla que se corre y oculta el altar. Tanto en la entrada como en el Santo y hacia el final se entonaron cánticos que son comunes en las parroquias católicas, como "Si yo no tengo amor, yo nada soy, Señor".
Impetrando el perdón y la gracia, el celebrante principal oró: "Señor, concede descanso a sus almas, espíritu y cuerpos y derrama el rocío de tu gracia y misericordia sobre sus huesos. Cristo Rey, señor de la gloria, Señor y Maestro nuestro, sé para ellos y para nosotros, la absolución y el que absuelve. Mi Señor, óyenos, ayúdanos, sálvanos y acepta nuestras oraciones y súplicas".

El primado armenio, monseñor Aren Shaheenian, y el arzobispo siriano, monseñor Crisóstomo Gassali
Se alabó a Dios Padre, y dirigiéndose a Él, "a Tu Unigénito Hijo y a tu Espíritu Santo, Santísimo, Bondadoso, Adorable y Vivificador, Consustancial contigo, ahora y por siempre y por los siglos de los siglos".
Y se conmemoró a "aquella que es digna de ser venerada y glorificada por todas las generaciones de la tierra, la santa, exaltada, gloriosa y siempre Virgen María, Madre de Dios". Y con ella se recordó a los profetas y apóstoles; los predicadores y evangelistas, los mártires y confesores.
El poder de la fe
Monseñor Gassali dijo que el poder de la fe se manifestó en la acción de los fieles "al soportar la violencia de la persecución, el destierro y el filo de la espada asesina del Imperio Otomano, aplicada sistemáticamente desde fines del siglo XIX bajo el justificativo de la "teoría de la conspiración cristiana".
"Una fe profunda, no superficial -precisó-, superó la ansiedad y el miedo, como nos dice la Bienaventuranza: "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos (Mateo 5, 10).
"Ante el arma disuasoria del maligno y sus secuaces -el miedo- vemos el poder ejemplar de su fe venciéndolo", apuntó el arzobispo. "El verdadero creyente, según Isaías, vence el miedo por el poder de su fe, mientras el creyente débil disimula su fidelidad ante el Señor."
"Ese poder espiritual los hizo actuar con indiferencia ante la acción agresiva del poder temporal, observando al Jefe de la fe, Nuestro Señor Jesucristo, en su Resurrección para la vida eterna".
Presencias
Tras el descubrimiento de la placa, dijo unas breves palabras Enrique Zaremba, laico, católico, quien señaló que los que murieron sabían que estaban entregando el alma a Dios. Dijo que los cristianos tienen que ser solidarios y no olvidar que forman un mismo pueblo, el de Cristo.
Entre otras personas asistieron Marco Gallo, de la comunidad San Egidio, de laicos católicos; Florencia Uriburu, colaboradora de la comisión de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la arquidiócesis de Buenos Aires; el director de Relaciones Institucionales del Centro Armenio, Juan Sarrafian; el ex presidente del Club Sirio Libanés y director del Diario Sirio-Libanés, Yahoudat Brahin; el secretario de Educación, Cultura y Valores de la democracia cristiana porteña, Andrés González Balcarce; Adriana González, católica, participante de un grupo de ecumenismo en el barrio de Belgrano. Más atrás, en la entrada estaba el ex legislador porteño Raúl Padró.
Estuvieron la actual secretaria de la Comisión Ecuménica de Iglesias Cristianas en la Argentina (CEICA), la pastora anglicana Mónica Tompkins, y la tesorera, María Luisa D'Osualdo de Cárdenas, católica, histórica participante en esa entidad de intercambio, colaboración y diálogo iniciada en 1988.+ (Jorge Rouillon)
