Sábado 10 de octubre de 2026

La visita y el mensaje del Papa, una invitación a enfocarnos en la persona

  • 25 de septiembre, 2026
  • Buenos Aires (AICA)
Viviana Endelman Zapata narra cómo el viaje pontificio es una invitación a volver la mirada hacia la persona y su dignidad, recuperando el respeto como fundamento de la vida en común.
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Con motivo del próximo viaje apostólico del Santo Padre a la Argentina, AICA inauguró una sección de columnas semanales sobre el magisterio y el pontificado de León XIV. Cada viernes, académicos y comunicadores ofrecen reflexiones que profundizan en su enseñanza y testimonio. La agencia reafirma así su servicio a la comunicación católica y acompaña la preparación espiritual de las comunidades ante la visita papal.

La visita y el mensaje del Papa.
Una invitación a enfocarnos en la persona
Viviana Endelman Zapata *

Cuántos rostros y situaciones se me presentan al detenerme en esta invitación a enfocarnos en la persona, que siento esencial y concreta. Me quedo ahora con una experiencia vivida apenas un rato antes de empezar a escribir.

Pasaba por la puerta de un banco, ya cayendo el sol, y en los escalones de la entrada estaban ellos: un joven, una joven, un bebé. Dialogamos, dijimos nuestros nombres, nos encontramos. No llegaban a estar en situación de calle, pero casi. Quedé afectada. Me daba vueltas esta pregunta, con un nudo en la garganta: ¿Qué hacen ahí? Registré un anhelo profundo de que estuvieran en otro lado, viviendo en una condición mejor. Creo que se me hizo más evidente en el interior que no puedo sentirme completamente bien si no estamos todos (todos, todos) bien.

Enfocarnos en la persona -y su dignidad- tiene múltiples maneras de concretarse. Y ha mantenido, a través del tiempo, su lugar central en el mensaje que transmite la Iglesia, en fidelidad al Evangelio. Un ejemplo de esta continuidad es la profunda sintonía entre el corazón de la Rerum Novarum y de la Magnifica humanitas.

No aspiro a introducirme en semejante profundidad, sino solo a compartir algunos ecos que me quedaron resonando tras el encuentro en los escalones del banco: considerarnos, respetarnos, mirarnos, nombrarnos, servirnos unos a otros.

La palabra respeto proviene del latín respectus, derivado del verbo respicere, que significa literalmente: "volver a mirar" o "mirar detenidamente". Quien respeta no ignora al otro ni lo pasa de largo. Detener la marcha y volver a mirar es ya la forma primera y concreta de la atención, la consideración y el cuidado. Es todo un modo de relacionarse con la realidad del otro: un rescatarnos de la invisibilidad y del sin nombre.

Las faltas de respeto pueden entenderse, entonces, como una no-mirada, una desconsideración, un descuido -o hasta un desprecio- de la realidad misma: de lo que cada uno es; sobre todo, de ese nosotros esencial, de la trama común que nos une.

La invitación a enfocarnos en la persona, que resuena con tanta fuerza en el mensaje y en el espíritu de la visita del papa León, es también un llamado a recuperar el respeto en su sentido más originario: volver a mirar. Detener el paso apresurado y afinar la mirada -como quien enfoca la lente de una cámara- para que el otro deje de ser una figura borrosa y aparezca en toda su nitidez.

Volver a mirar no es solo un acto de contemplación, sino el comienzo del cuidado y el servicio mutuo.

Despojándonos de la indiferencia, también vamos a ir reconociendo con dolor cuando falta lo que todos (todos, todos) deberíamos tener cubierto. Pensando en lo material específicamente, me refiero al alimentarnos, vestirnos y alojarnos. Me doy cuenta que algo de esto me pasó en los escalones del banco. Primero vino ese detenerse, mirar y encontrarse. Noté que estaban desabrigados. Me ofrecieron en venta unas medias para comprar comida. Era tarde, pero aún no sabían si tenían adonde volver.

Las respuestas rara vez se encuentran al instante y en el mismo lugar. Enfocarse en la persona no trae consigo soluciones automáticas; sin embargo, es el inicio necesario para proyectar acciones en red, en comunidad, donde cada uno está invitado a aportar su particular don.

Vuelvo a los ecos: considerarnos, respetarnos, mirarnos, nombrarnos, servirnos unos a otros. Y abro una pregunta que quizás podamos profundizar en este tiempo de preparación a la visita del Papa: un proyecto, un deseo humano, una acción o un gesto que deje afuera esto, ¿qué bondad y belleza podrá tener?

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* Licenciada en Comunicación Social, Magíster en Desarrollo Humano y Doctora en Ciencias de la Vida. Especializada en las áreas de Familia, Bioética y Voluntariado social. Escritora, conferencista, docente universitaria y ejecutiva en organización social.