Dos nuevos diáconos en Formosa: 'Para Cristo el poder es servicio'
- 20 de octubre, 2026
- Formosa (AICA)
En pleno Mes Misionero, Mons. Conejero Gallego ordenó a Pedro Bernardo Coronel y Ovidio Alcides Giménez en la capilla de Schoenstatt del barrio Fleming.
Formosa tiene dos nuevos diáconos: 'Para Cristo el poder es servicio'
El obispo de Formosa, monseñor José Conejero Gallego, ordenó diáconos a Pedro Bernardo Coronel y Ovidio Alcides Giménez en una celebración realizada el 18 de octubre en la capilla Virgen de Schoenstatt, del barrio Fleming. Coronel eligió como lema "Habla, Señor, que tu servidor escucha" (1 Samuel 3, 10), y Giménez, "El Señor envió su palabra y los sanó" (Salmo 107, 20).
La ordenación coincidió con el día en que se celebra a la Virgen bajo la advocación de Madre Tres Veces Admirable, y con en el contexto del Mes Misionero. En la homilía, el obispo formoseño sostuvo que el diaconado debe manifestar en la Iglesia el don y el carisma de ser servidores, a ejemplo de Jesús, que no vino a ser servido sino a servir y a dar la vida en rescate por una multitud. "Para Cristo el poder es servicio", afirmó.
Advirtió que todos los ministros ordenados, comenzando por el obispo, solo pueden cumplir esa misión si son seguidores fieles de quien los llamó, no por méritos propios, y recordó el ejemplo de Pedro, que negó al Señor y fue igualmente elegido.
La historia del diaconado
Monseñor Conejero Gallego repasó luego la historia del diaconado: nació en los primeros tiempos de la Iglesia, con figuras como san Esteban y san Efrén, se fue debilitando hasta quedar como un paso transitorio hacia el sacerdocio, y fue restaurado por el Concilio Vaticano II, en el número 29 de Lumen Gentium.
Con humor, comentó que el 29 se repite en otros dos textos que suele citar: la carta Novo Millennio Ineunte, de san Juan Pablo II, que resume el programa de vida cristiano en conocer, amar e imitar a Jesús, y el documento final del Sínodo, que presenta a María como modelo de una Iglesia sinodal por su capacidad de escuchar, ser dócil a la Palabra, discernir y actuar.
A partir del Evangelio del día, en el que fariseos y herodianos intentan tender una trampa a Jesús con la pregunta sobre el tributo al César, el obispo llamó a la sinceridad. "No hay cosa más fea que ser yapú", dijo, con la expresión que, según explicó, usan los paraguayos para referirse a los mentirosos.
También distinguió los deberes del creyente hacia Dios de sus derechos y deberes cívicos, y pidió obedecer las normas justas orientadas al bien común, en lugar de actuar como si cada uno fuera autosuficiente.
El prelado vinculó además la ordenación con el momento que vive la Iglesia: recordó que el papa León XIV, en su encíclica Magnifica humanitas y en la oración por su visita apostólica, pone en primer lugar la dignidad del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, y lamentó las divisiones, envidias y rivalidades que existen incluso dentro de las comunidades cristianas.+
