Martes 3 de noviembre de 2026

Mons. Croxatto llamó a redescubrir a los abuelos como un 'gran tesoro'

  • 29 de julio, 2026
  • Neuquén (AICA)
En la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, el obispo de Neuquén invitó a fortalecer los vínculos intergeneracionales y a privilegiar el encuentro personal.
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En el marco de la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, el obispo de Neuquén, monseñor Fernando Croxatto, presidió el 26 de julio la celebración eucarística en el hogar de ancianos de las Hermanitas de los Pobres, donde exhortó a redescubrir el valor de los adultos mayores como "un gran tesoro" para la Iglesia y la sociedad. Inspirado en las parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa, el prelado invitó a reconocer en los abuelos una riqueza que no debe ser olvidada.

Durante su homilía, monseñor Croxatto retomó el mensaje del papa León XIV para esta jornada y recordó que el crecimiento de la población adulta mayor constituye "un nuevo pueblo" que necesita ser acompañado. Advirtió que muchos ancianos viven situaciones de soledad y destacó la promesa de Dios: "Yo no te olvidaré", como una invitación concreta a hacerse presente en la vida de quienes más necesitan cercanía.

El prelado animó especialmente a los jóvenes y a las familias a visitar a los abuelos y ancianos, dedicándoles tiempo y presencia. "Somos nosotros los prolongadores de ese 'yo no te olvidaré'. Hagan el compromiso de ir a visitarlos, de ir a estar con ellos", señaló, al tiempo que pidió dejar por un momento "lo digital" para privilegiar el encuentro cara a cara.

En ese sentido, sostuvo que las herramientas tecnológicas son valiosas, pero no reemplazan la experiencia del encuentro humano. "No nos alcanza la videollamada. Necesitamos sentir la respiración, la mirada, la piel del otro", afirmó, e insistió en que la cercanía, el diálogo y la presencia constituyen "un tesoro humano que no tenemos que perder".

Como ejemplo, relató una experiencia vivida con una persona en situación de calle a la que saludó por su nombre. Contó que el hombre, sorprendido, le respondió: "¿Se acordó de mí? ¿Sabe mi nombre?". Para el obispo neuquino, ese gesto sencillo refleja el modo en que Jesús se acercaba a las personas, haciéndose presente en sus vidas y devolviéndoles su dignidad.

Al finalizar su reflexión, monseñor Croxatto invitó a pedir, siguiendo el ejemplo del rey Salomón, el don de la sabiduría y del discernimiento para reconocer "lo que no tenemos que perder" en este tiempo. "Que tengamos la sabiduría de ver por dónde pasa hoy el bien, de cuidar lo humano y descubrir en ello una parte del Reino de Dios", concluyó, confiando esa intención a la protección de la Virgen María.+