Martes 4 de agosto de 2026

Mons. García Cuerva: 'La resurrección de Jesús nos mueve el piso y compromete'

  • 6 de abril, 2026
  • Buenos Aires (AICA)
El arzobispo de Buenos Aires presidió la celebración de la vigilia pascual en la catedral metropolitana. "Que la Resurrección de Cristo transforme nuestros corazones y nos regale el don de la paz".
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Al presidir la solemne celebración de la vigilia pascual, en la catedral metropolitana, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, reflexionó sobre el texto del Evangelio de Mateo que relata que hubo un gran temblor de tierra.

"¿Será que estamos dispuestos a que esa Buena Noticia de la Resurrección nos mueva el piso? ¿Será que estamos dispuestos a dejar de lado seguridades, omnipotencia, soberbia?", cuestionó el prelado en su homilía, al animar a dejarse cuestionar por la resurrección de Jesús y replantearnos "como vivimos" y comprometerse a que "la Buena Noticia de la Resurrección y de la Pascua produzca en nuestra vida un gran temblor".

La celebración de la vigilia comenzó con la bendición del fuego y del cirio pascual en la puerta del templo.

"Para recibir una buena noticia, tenemos que estar predispuestos", comenzó el arzobispo su homilía y añadió: "Tenemos que estar abiertos a recibir la hermosa Buena Noticia, la más importante: que Jesús resucitó". 

No sentarnos sobre nuestros problemas
Al recordar la imagen del Ángel de Dios sentado sobre la piedra del sepulcro, monseñor García Cuerva reflexionó: "Cuando estamos sentados sobre los problemas, estamos como estancados, estamos paralizados en nuestras dificultades, en nuestros problemas familiares, en nuestros problemas económicos, nos quedamos como paralizados, sentados arriba de nuestras piedras. Y el Evangelio nos dice, que al que hay que dejar sentar sobre nuestros problemas es al Ángel de Dios. Confiemos nuestras dificultades y problemas a Dios", alentó.

El arzobispo destacó dos grupos de personas en el texto sagrado: los soldados y las mujeres. "Los soldados que dice el Evangelio que temblaron de espanto y quedaron como muertos" sobre lo que añadió: "A veces, nosotros también podemos vivir como muertos. Vivir con el corazón helado, con el corazón frío. Nada nos conmueve, nada nos apasiona, nada nos interpela. Vivir como muertos es vivir durando, respiramos porque el aire es gratis, pero no le ponemos garra a la vida".


Por otra parte, monseñor García Cuerva observó a las mujeres: "En ellas se da una tensión fuerte, la tensión entre el temor y la alegría. Tienen algo lindo, buscan a Jesús, buscan a Jesús, y entonces, se dejarán encontrar por Él. No es detalle menor que dice el Evangelio también, que se alejaron rápidamente del sepulcro. No se quedan estancadas en el sufrimiento".

"A veces, añadió, nuestro problema, que no nos permite recibir la Buena Noticia de la Pascua, es que estamos demasiado estancados en el dolor y en la tristeza. No salimos de ese lugar. No salimos de ese agujero negro de tristeza, de dolor, de angustia. En cambio, las mujeres, dice el Evangelio, que 'se alejaron rápidamente del sepulcro'. Ojalá podamos alejarnos rápidamente de la tristeza. Que nos demos cuenta que no nos podemos estar toda la vida lamiendo las heridas, y cuando le contamos a alguien lo que nos pasa, es casi que lo invitamos a hacer con nosotros el laberinto del terror, una caravana por los momentos más espantosos de nuestra vida, y no salimos nunca de ahí. Por eso sería difícil que recibamos la alegría de la Pascua".

Jesús resucitado, danos tu paz
Al subrayar el lema arquidiocesano para esta Pascua, "Jesús resucitado, danos tu paz", monseñor García Cuerva repasó los momentos de la liturgia de esta celebración de la vigilia pascual. "En esta vigilia pascual, hemos comenzado en la oscuridad. La oscuridad de la muerte, la oscuridad de la guerra, la oscuridad de la tumba. Y tímidamente fuimos encendiendo nuestras luces, porque seguimos creyendo en la luz de la paz".

"Luego, la liturgia de la palabra. Frente al silencio y el no diálogo, nosotros hablamos escuchando la palabra de Dios. Un Dios que nos habla, un Dios que entra en diálogo con la humanidad. Frente al no diálogo de la intolerancia y de la guerra, volver a insistir con la necesidad de la palabra y del diálogo para generar acuerdos y construir la paz", destacó.

"Ahora haremos la liturgia del agua. Frente a la muerte, la fecundidad del agua, el signo de la vida. Frente al desierto que provoca la guerra, frente a la aridez de los vínculos, seguimos apostando por la vida, por la vida reflejada en el agua", y finalizó: "Y luego, la liturgia de la Eucaristía. Frente al hambre que genera la guerra, queremos compartir el pan, y ser pan para los hermanos".

El arzobispo porteño consideró que "hoy hablar de paz es revolucionario", y concluyó: "Por eso, Señor resucitado, danos tu paz. En esta Pascua, te necesitamos más que nunca, que tu buena noticia transforme nuestros corazones, transforme nuestra Argentina, transforme el mundo, y nos regale a todos el don de la paz. Amén".+