Miércoles 9 de septiembre de 2026

Buenos Aires: misa de acción de gracias con la vida consagrada de la arquidiócesis

  • 9 de septiembre, 2026
  • Buenos Aires (AICA)
La Eucaristía fue presidida por el arzobispo Jorge García Cuerva en el día en que la Iglesia celebró la Natividad de la Santísima Virgen María. Hubo un momento de adoración eucarística.
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Religiosos y religiosas de la vida consagrada y de diversas formas de apostolado se reunieron como cada 8 de septiembre, día en que la Iglesia celebra la Natividad de la Santísima Virgen María, para dar gracias a Dios por el don de la vocación y el servicio al Pueblo de Dios y compartir la Eucaristía que presidió el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva en la catedral metropolitina. Previo a la celebración hubo una adoración eucarística.

Refiriéndose a la Carta pastoral 2026el arzobispo porteño manifestó en su homilía: "Este año propusimos a toda la Iglesia de Buenos Aires la necesidad de recuperar el kerigma, la necesidad de volver a pensar en nuestra misión. Anunciar el kerigma es lo primero, pero también lo principal, y debe ser transversal a nuestra misión evangelizadora". 

"Pensaba que si queremos ver a Jesús, tendremos que revisar un poco cómo está nuestra mirada" advirtió el arzobispo, quien señaló que "puede haber una rigidez en nuestras ideas, puede haber una rigidez en todo aquello que creemos y que no estamos dispuestos ni a cambiar ni a dejar. José nos interpela y María también, ninguno de los dos vivió aferrado a un esquema. Se animaron a soltar su propio proyecto y asumir el proyecto de Dios". 

Y continuó: "Creo que a veces queremos ver a Jesús, es también pedirle que podamos ver a lo lejos, que podamos ver el horizonte. José nos interpela porque nos anima a soñar. Asumió como propio el proyecto de Dios y creo que hoy también nosotros, porque queremos ver a Jesús, tenemos que recuperar las ganas de soñar, y de soñar mirando a lo largo, a lo alto, el horizonte".

San José como ejemplo
Monseñor García Cuerva alentó a "animarnos a usar los anteojos de la obediencia en el silencio, José hizo como el ángel había ordenado. José no habla en el evangelio de hoy, pero tiene un silencio activo, un silencio que lo pone de pie, obediente la voluntad del Padre". Pidió además "ponernos de pie tras la escucha de Dios en la oración y en la misión apostólica, porque queremos ver a Jesús". 

Y concluyó: "Que, unidos a Cristo, nos animemos a dar el paso y, junto con nuestro pueblo, poder decir que queremos ver al Señor. Porque, como decía san Agustín, 'Nos hiciste señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti'".+