Domingo 2 de agosto de 2026

Card. Castillo: 'El Perú necesita renovar la esperanza y el bien común'

  • 29 de julio, 2026
  • Lima (Perú) (AICA)
En el tedeum por el 205º aniversario de la Independencia, el arzobispo de Lima llamó a afrontar la crisis de humanidad con reconciliación, servicio y compromiso democrático.
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Con motivo del 205º aniversario de la Independencia del Perú, la Iglesia celebró el tradicional tedeum en la basílica catedral San Juan Apóstol y Evangelista, donde el arzobispo de Lima y primado del Perú, cardenal Carlos Castillo, exhortó a leer la historia del país a la luz del Evangelio y a renovar el compromiso con el bien común, la justicia y la esperanza.

La celebración eucarística fue presidida por el purpurado y concelebrada por monseñor Fermín Emilio Sosa, delegado especial de la Santa Sede; monseñor Paolo Rocco Gualtieri, nuncio apostólico en el Perú; los obispos auxiliares de Lima y numerosos sacerdotes.

Durante su homilía, el cardenal limeño recordó la proclamación de la Independencia, realizada el 28 de julio de 1821 por el general José de San Martín, y la primera Constitución de 1823, que definió a las provincias reunidas como una sola nación. También evocó el intento de instaurar la denominada Constitución Vitalicia de 1826, impulsada por Simón Bolívar, para destacar que el anhelo de libertad y democracia prevaleció gracias a la esperanza del pueblo peruano.

Una respuesta ética y espiritual a la crisis
A partir de esa memoria histórica, el primado sostuvo que el Perú continúa siendo "una promesa en proceso de cumplimiento" y afirmó que los desafíos actuales requieren no solo respuestas políticas, sino también éticas y espirituales que fortalezcan la solidaridad, la responsabilidad ciudadana y el compromiso con el bien común.

En ese contexto, advirtió sobre el riesgo de reducir la misión de la Iglesia al silencio frente a los problemas sociales o de utilizar la religión para respaldar intereses partidarios. Citando al papa León XIV en la encíclica Magnifica humanitas, recordó que "allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro", los cristianos están llamados a anunciar a Cristo y a iluminar la vida social desde el Evangelio.

"Vivimos una crisis de humanidad"
El cardenal Castillo describió la situación actual del Perú como una "crisis de humanidad", marcada por la corrupción, la ambición de poder y el enriquecimiento ilícito, más allá de los indicadores económicos.

Asimismo, señaló que esa realidad forma parte de un escenario mundial caracterizado por el debilitamiento de la democracia, la violencia, los conflictos armados y diversas formas de exclusión que atentan contra la dignidad humana.

También alertó sobre el avance de tendencias autoritarias, el uso de la tecnología como instrumento de control y las consecuencias de las guerras, que generan pobreza, desplazamientos forzados y la vulneración de la soberanía de los pueblos.

Ante este panorama, llamó a promover procesos de reconciliación, justicia, diálogo y paz, así como a fortalecer de las instituciones democráticas y a impulsar reformas que contribuyan a erradicar la impunidad y toda forma de violencia.

María, ejemplo de servicio y esperanza
Como eje espiritual de su reflexión, el arzobispo propuso a la Virgen María, en el episodio de la Visitación, como modelo para responder a los desafíos del presente.

Destacó que María no permaneció inmóvil tras recibir el anuncio del ángel, sino que salió al encuentro de su prima Isabel, ofreciendo un ejemplo de servicio, solidaridad y cercanía con quienes más lo necesitan.

"Esa actitud nos invita hoy a abandonar la comodidad, salir al encuentro de quienes sufren y construir una sociedad más fraterna", expresó, al tiempo que subrayó que la verdadera autoridad se ejerce poniéndose al servicio de los más vulnerables.

Conversión para reconstruir la vida social
Al concluir la homilía, el cardenal Castillo exhortó a dejar de lado los intereses particulares para trabajar por el bien común y renovar el compromiso con una nación fundada en la solidaridad y la democracia.

Retomando las enseñanzas de Magnifica humanitas, recordó que, en un tiempo marcado por la inteligencia artificial y nuevas formas de deshumanización, los cristianos están llamados a custodiar y promover la auténtica humanidad.

Finalmente, invitó a emprender un camino de conversión personal y comunitaria, reparar el daño causado, restituir la justicia a las víctimas y hacer propio el canto del Magníficat, como expresión de esperanza en la acción misericordiosa de Dios sobre los pueblos.