Mons. García Cuerva: 'La justicia de Dios es una justicia misericordiosa'
- 22 de septiembre, 2026
- Buenos Aires (AICA)
El arzobispo de Buenos Aires afirmó que la relación con Dios no se basa en méritos ni recompensas, sino en la gratuidad de un amor ofrecido a todos.
El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, reflexionó sobre la parábola de los trabajadores de la viña y afirmó que la justicia de Dios no puede entenderse con criterios humanos, porque está profundamente unida a la misericordia y al amor gratuito.
Al comentar el Evangelio del XXV Domingo del Tiempo Ordinario, señaló que muchas veces el relato genera incomodidad porque parece mostrar una situación injusta. Sin embargo, recordó que, como enseña el profeta Isaías, "los pensamientos de ustedes no son los míos", subrayando que la lógica de Dios es distinta de la lógica humana.
"Dios no es un empleador y nosotros no somos unos asalariados", afirmó, al explicar que la relación con el Señor no puede entenderse como una relación laboral o de méritos.
El arzobispo sostuvo que el error de los trabajadores de la primera hora consiste en creer que tienen más derechos que los demás por el esfuerzo realizado. "El amor de Dios es gratuidad pura, el amor de Dios es bondad pura", expresó.
Justicia y misericordia
Monseñor García Cuerva retomó además una reflexión de Benedicto XVI para señalar que en Dios la justicia y la misericordia no son realidades contrapuestas.
"La justicia de Dios es una justicia misericordiosa, signada por un amor gratuito", explicó, destacando que el Señor ama a sus hijos no por sus obras, sino porque son sus hijos.
La imagen de la peregrinación a Luján
Como ejemplo, evocó la próxima peregrinación a Luján y señaló que algunos caminarán los 60 kilómetros desde Liniers, mientras otros recorrerán trayectos mucho más breves.
"El amor de la madre es para todos sus hijos", afirmó, explicando que la Virgen no escucha más a unos que a otros según la distancia recorrida, del mismo modo que Dios ofrece su amor a todos por igual.
Hacia el final de su homilía, el arzobispo invitó a dejar de lado los cálculos humanos y a descubrir la gratuidad del amor de Dios, que alcanza tanto a quienes llegan primero como a quienes llegan a última hora.+
