Domingo 11 de octubre de 2026

Mons. Larregain llamó a renovar la adhesión a Cristo y la vocación sacerdotal

  • 24 de junio, 2026
  • Corrientes (AICA)
En la apertura de las Jornadas de Reflexión Teológico-Pastorales, el arzobispo de Corrientes invitó a fortalecer la fraternidad presbiteral y la esperanza ante los desafíos actuales de evangelizar.
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Con una celebración litúrgica en la vigilia de la natividad de san Juan Bautista, la arquidiócesis de Corrientes inauguró el 23 de junio las Jornadas de Reflexión Teológico-Pastorales 2026. 

En la misa de apertura, el arzobispo, monseñor Adolfo Larregain OFM, propuso a los participantes volver al fundamento de toda vocación sacerdotal: la llamada gratuita de Dios, que precede toda iniciativa humana y sostiene la misión en medio de las dificultades.

Tomando como punto de partida la figura de san Juan Bautista, el prelado señaló que el Precursor constituye un modelo especialmente significativo para quienes han sido llamados a servir al Pueblo de Dios mediante el ministerio sacerdotal. 

Además, advirtió que, en medio de las múltiples exigencias pastorales, existe el riesgo de olvidar esa verdad fundamental. "El sacerdote no es, ante todo, un administrador o un gestor de estructuras; es un hombre llamado por Dios para servir a su pueblo", afirmó. 

Durante su reflexión, también puso el acento en la esperanza cristiana como sostén de la vida sacerdotal. Citando el salmo responsorial, recordó que "Tú eres mi esperanza, Señor" y sostuvo que el sacerdote recupera vigor espiritual cuando vuelve a apoyarse en la gracia de Dios más que en los medios humanos.

En ese sentido, afirmó que el verdadero pastor no se anuncia a sí mismo ni pretende convertirse en el centro de la comunidad, sino que conduce a todos hacia Jesucristo. También recordó las enseñanzas del papa Francisco sobre el pastor con "olor a oveja" y las llamadas del papa León XIV a una renovada conversión misionera, destacando que ambas orientaciones convergen en la necesidad de transparentar la presencia de Cristo en la vida de la Iglesia.

Finalmente, el arzobispo deseó que las jornadas sean un tiempo para "rezar juntos, pensar juntos y discernir juntos", fortaleciendo la fraternidad presbiteral y renovando la alegría de la vocación. 

Y encomendó los trabajos a la intercesión de san Juan Bautista y de la Virgen María, pidiendo que los participantes puedan regresar a sus comunidades fortalecidos en la fe, renovados en la esperanza y reavivados en la caridad pastoral.+

[Texto completo de la homilía]