Domingo 25 de octubre de 2026

Mons. Lozano: 'La pequeñez, habitada por el amor, es una forma de grandeza'

  • 25 de octubre, 2026
  • Angaco (San Juan) (AICA)
El arzobispo de San Juan de Cuyo compartió su visita a la casa romana de las Misioneras de la Caridad y destacó el vínculo entre la oración, el servicio a los pobres y la construcción de la paz.
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El arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano, destacó el valor de los gestos cotidianos de amor y servicio como camino para construir la paz, a partir de una visita a la casa de las Misioneras de la Caridad en Roma, la congregación fundada por santa Teresa de Calcuta. En una reflexión, señaló que la grandeza de una vida no depende del espacio que ocupa ni del protagonismo que alcanza, sino de su entrega a los demás.

Durante la visita, las religiosas le mostraron la habitación que utilizaba santa Teresa cuando viajaba a Roma. El lugar, austero y pequeño, tenía una cama angosta, un escritorio y un par de banquitos. Sin embargo, el arzobispo sanjuanino afirmó que allí percibió una paz "serena y profunda", de esas que hacen falta en estos tiempos.

Al contemplar ese espacio, monseñor Lozano reflexionó sobre la huella que puede dejar una vida entregada sin buscar reconocimiento. Recordó que la misión de la santa de Calcuta se expresó en acciones concretas: atender a quien sufre, lavar una herida, acompañar a una persona sola, sostener la mano de un moribundo u ofrecer una palabra de consuelo. Gestos sencillos que, sostuvo, podían transformar la vida de quienes se sentían olvidados.

La paz comienza en los vínculos cotidianos
El arzobispo señaló que la paz que experimentó en aquella casa no implicaba ignorar los conflictos del mundo, sino elegir lo esencial y no dejarse dominar por el dolor. "Que la violencia no se vence con más violencia, que el desprecio no se cura con desprecio y que la indiferencia solo puede ser derrotada mediante la cercanía y la compasión", expresó.

En ese contexto, contó que una de las religiosas le propuso rezar por la paz en el mundo. Ambos improvisaron una oración para pedir el fin de la violencia, el respeto por la vida, el cuidado de la casa común y que los pueblos puedan vivir sin miedo, sin que nadie sea tratado como un objeto descartable.

A partir de esa experiencia, monseñor Lozano advirtió que las palabras y las decisiones pueden construir o herir, acercar o dividir. Por eso, afirmó que la paz mundial también comienza en los vínculos cotidianos, en la familia, el trabajo y la comunidad, y en la manera de mirar y tratar a quienes están cerca.

La reflexión se vinculó con el Evangelio de Mateo, que presenta el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. El arzobispo recordó que Jesús une inseparablemente ambos amores y que no es posible afirmar que se ama a Dios mientras se permanece indiferente ante el sufrimiento ajeno. La caridad cristiana, subrayó, no es una idea abstracta ni un sentimiento pasajero, sino que se manifiesta en acciones concretas: paciencia, perdón y atención a quienes están más desprotegidos.

Al concluir, monseñor Lozano sostuvo que un cuarto pequeño puede convertirse en una escuela de paz y que una oración improvisada puede expresar el clamor de millones de personas.

"La pequeñez, cuando está habitada por el amor, no es insignificancia. Es una forma de grandeza", afirmó, e invitó a prestar atención a los lugares humildes, las comunidades que sirven y las personas que necesitan ser reconocidas, porque también desde allí Dios sigue hablando.+