Card. Rossi: 'El amor a Dios se verifica en el amor al prójimo'
- 27 de octubre, 2026
- Córdoba (AICA)
El arzobispo de Córdoba reflexionó sobre el mandamiento del amor y llamó a reconocer al prójimo tanto en quienes sufren lejos como en las personas más cercanas.
Card. Rossi: ''El amor a Dios se verifica en el amor al prójimo''
El arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ invitó a revisar cómo se expresa el amor en la vida cotidiana y a reconocer en el servicio concreto a los demás una dimensión esencial de la fe cristiana. En su homilía del 25 de octubre, centrada en el Evangelio de Mateo sobre el mandamiento más importante, destacó que el amor a Dios se hace visible en el amor al prójimo. "Lo único que cuenta, lo único que perdura es el amor", expresó.
El cardenal Rossi recordó los dos mandamientos que resumen la Ley y los profetas: amar a Dios con todo el corazón, el alma y el espíritu, y amar al prójimo como a uno mismo. Para el purpurado, ambos mandamientos no pueden separarse. "El amor a Dios se verifica, se hace creíble en el amor al prójimo", afirmó.
También recordó que Jesús, en la última cena, llevó esta enseñanza más lejos con el mandamiento nuevo: "Como yo los he amado, así tienen que amarse también ustedes".
El prójimo también está en casa
El cardenal Rossi advirtió que el prójimo no es solamente quien vive lejos o atraviesa una situación de necesidad extrema. También puede ser la persona que está al lado y que, por la cercanía cotidiana, corre el riesgo de volverse invisible.
"Muchas veces es más fácil ir al leprosario de la Amazonía que ir a visitar una tía anciana que tenías dos cuadras de tu casa", señaló al presentar ejemplos de la dificultad para reconocer las necesidades de quienes forman parte de nuestro entorno. En ese sentido, llamó a prestar atención a los familiares, amigos y personas con quienes compartimos la vida diaria.
El servicio a los más vulnerables, explicó, no debe llevar a descuidar a quienes están cerca. "Tenemos que estar atentos de no transformar en últimos y desechados a los de tu propia casa", advirtió. El cardenal también incorporó una dimensión personal a su reflexión: la necesidad de aprender a aceptarse, perdonarse y tratarse con paciencia.
Aclaró que el amor a uno mismo no debe confundirse con el egoísmo, sino que implica reconocer los propios límites y evitar el desprecio hacia uno mismo. "Tenemos el deber de hacernos prójimos", sostuvo, con una referencia al escritor Georges Bernanos y a su invitación a tratarse como a un miembro débil del cuerpo místico de Cristo.
Una caridad que se traduce en gestos
El cardenal Rossi recordó que el servicio de la caridad forma parte de la misión esencial de la Iglesia, junto con la celebración de los sacramentos y el anuncio de la Palabra. En ese marco, evocó la imagen de las primeras comunidades cristianas, cuyo modo de vida despertaba admiración por el cuidado de los más débiles y el compartir de los bienes.
"Vean cómo se aman", recordó como expresión de aquella mirada de los demás sobre los primeros cristianos. A partir de ese ejemplo, planteó una pregunta para las comunidades actuales: "¿Podrían decir de nosotros eso, de nuestras comunidades?".
El purpurado subrayó que la compasión no puede quedar en un sentimiento ante el sufrimiento ajeno. Para expresar esa idea, citó una frase atribuida a Benedicto XVI: "Amar en cristiano es ver con el corazón y compadecerse con las manos". También recordó una reflexión de Francisco sobre la compasión como "una decisión firme y perseverante de cuidar de los demás".
En esa línea, propuso revisar las acciones concretas de cada día y evitar las contradicciones entre la preocupación por quienes están lejos y la indiferencia hacia quienes comparten nuestro hogar o nuestro entorno habitual.
"En el atardecer de la vida seremos juzgados sobre el amor"
El cardenal Rossi relacionó el mandamiento del amor con el juicio sobre la vida, a partir de una frase de san Juan de la Cruz: "En el atardecer de la vida seremos juzgados sobre el amor". La reflexión apuntó a que la fe no se mide solo por las palabras o las intenciones, sino también por los rostros y las necesidades que cada persona supo reconocer.
En ese contexto, evocó una imagen del obispo y poeta Pedro Casaldáliga: al final del camino, ante la pregunta de si había amado, el hombre abrirá "mis manos vacías y mi corazón lleno de rostros". Frente a las expresiones de egoísmo, indiferencia y violencia que marcan la vida social, el cardenal destacó el valor de los gestos concretos de solidaridad, desde los más sencillos hasta los más heroicos. "El amor hecho gesto es el único lenguaje que no necesita traductor", afirmó.
Por último, invitó a revisar la manera en que cada uno ama y a pedir la gracia de traducir ese amor en acciones. Puso como ejemplo a la Virgen María, cuya respuesta a la Anunciación expresó su disponibilidad ante Dios y cuya visita a su prima Isabel manifestó su atención a la necesidad de otra persona. La homilía concluyó con una invitación a seguir ese ejemplo: responder a Dios con un "aquí estoy" y reconocer también a las "Isabeles sufrientes" que cada persona encuentra a su alrededor.+
