Martes 13 de octubre de 2026

Card. Rossi: ¿portero de una fiesta o de una sala de velatorio?

  • 13 de octubre, 2026
  • Córdoba (AICA)
El arzobispo de Córdoba tomó la parábola del banquete de bodas para advertir contra un anuncio cristiano que suena a funeral y pidió una Iglesia con las puertas abiertas, sin excluidos.
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El arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ, centró su homilía del 28º Domingo del Tiempo Ordinario en la parábola evangélica del banquete de bodas y en lo que llamó cuatro "sorpresas" del texto.

La primera, explicó, es la imagen de Dios: se esperaría un juez que pide cuentas, y el Evangelio presenta en cambio una fiesta, símbolo de alegría, comunión e intimidad, y a un Padre que recibe, sienta a la mesa, sirve la comida y seca las lágrimas, como el padre del hijo pródigo. 

El cardenal Rossi recordó que el Sínodo se abrió y se cerró con esa misma imagen del banquete, y que el papa Francisco, en sus palabras de despedida, la presentó como el modo en que la Iglesia debe ser signo de un Dios que ya preparó la mesa y espera a todos. De ahí dedujo una tarea concreta: abrir puertas y no levantar muros, y no convertirse en lo que Francisco llamó "aduaneros de la gracia", que deciden quién es digno de sentarse.

Sostuvo además, que no se puede servir la mesa y secar lágrimas con las manos atadas, y que el banquete se estrena aquí y ahora, en los lugares donde cada uno está misionado.

La segunda sorpresa es el rechazo de los invitados, que no se debe a asuntos necesariamente pecaminosos, como el campo o los negocios, sino a que se los prioriza sobre el encuentro con el Señor. El cardenal invitó a preguntarse cuáles son los pretextos personales para no ir a la fiesta, y definió a Dios como un "invitador" que insiste sin obligar y no acepta que ningún rechazo arruine su celebración.

Con una cita de santa Teresa, recordó que hay tiempo de fiesta y tiempo de penitencia, y que a la fiesta hay que disfrutarla. En ese punto dirigió una crítica a la manera de anunciar. Señaló que algunos enviados a invitar han sustituido la buena noticia por una invitación a un funeral y la convocatoria a las bodas por un emplazamiento a trabajos forzados, y que muchos se volvieron profetas de calamidades, a contramano de lo que pedía san Pablo VI al cerrar el Concilio: remedios alentadores en lugar de diagnósticos deprimentes.

En ese punto, el cardenal Rossi cuestionó el tono catastrofista con el que a veces se comunica la fe y dejó una interpelación directa para cada creyente: "¿Soy portero de una fiesta o soy portero de una sala de velatorio?".

Dios no suspende la fiesta
La tercera sorpresa es que Dios no suspende la fiesta: sustituye a los invitados y llama a pobres, mal vestidos y gente de cualquier condición, "buenos y malos", en línea con el "todos, todos, todos" de Francisco.

El cardenal Rossi relató cómo un director de teatro no católico, que entró a una misa en Buenos Aires tras un estreno al que casi nadie había asistido, terminó invitando a la función siguiente a los hombres en situación de calle de un hogar.

Recordó además el pedido que una joven con discapacidad intelectual leyó ante Francisco en Cartagena, un mundo en el que la vulnerabilidad "sea reconocida como esencial en lo humano", y propuso que podría ser un lema para las plazas del país, frente a lo que, con la filósofa Adela Cortina, llamó aporofobia, el rechazo al pobre, al enfermo y al discapacitado.

La cuarta sorpresa es el invitado expulsado por no llevar traje de fiesta. Para el purpurado, el traje simboliza el corazón y la conversión: no basta con entrar, y no es posible ser cristiano sin cambiar la conducta. A la fiesta, dijo, se va con dignidad y sencillez, y la seriedad del compromiso no contradice el clima festivo sino que lo hace verdadero.

Al cierre pidió la gracia de saberse invitados y de invitar a otros, y afirmó que en la mesa de la misericordia no hay nadie excluido y que, si debe haber una excepción, es a favor de los más débiles. Ilustró la idea con su experiencia de un retiro anual para personas con discapacidad en San Miguel, al que no faltó nadie y al que muchos llegaron medio día antes, a diferencia de otros retiros en los que quienes "pueden darse el lujo" de postergar no asisten.+