Lunes 3 de agosto de 2026

Jueves Santo: un amor que se hace servicio y no deja a nadie afuera

  • 6 de abril, 2026
  • Buenos Aires (AICA)
En todo el país, los obispos destacaron el sentido de la Eucaristía y el lavatorio de los pies como signo de un amor concreto, humilde y comprometido con los más vulnerables.
Doná a AICA.org

En la celebración del Jueves Santo, la Iglesia puso en el centro el don de la Eucaristía y el mandamiento del amor hecho servicio, y recordó que el gesto del lavatorio de los pies expresa el estilo de Jesús: un amor que se abaja y se entrega. En distintas diócesis, los obispos insistieron en que no hay verdadera fe sin caridad concreta, y llamaron a vivir este misterio no como un recuerdo, sino como una experiencia actual que impulsa a servir, especialmente a quienes más sufren, reconociendo que nadie queda fuera del amor de Dios.

En la Penitenciaría de Mujeres de Bower, el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ, hizo visible una certeza del Evangelio: nadie queda fuera del amor de Dios. En su homilía, recordó que Jesús conoce el dolor de cada persona, porque también fue juzgado, condenado, abandonado y herido. Y dejó un mensaje de esperanza: la vida de cada una es valiosa, y Dios no se cansa de esperar, de perdonar y de amar. También las invitó a cuidarse entre ellas, a escucharse, a sostenerse y a hacer de su espacio un hogar, manteniendo viva la esperanza de volver a encontrarse con sus seres queridos.

El arzobispo de La Plata, monseñor Gustavo Carrara, destacó que, ante las expectativas de un Mesías poderoso, Jesús "se abaja y lava los pies de sus discípulos", mostrando un Dios que se pone en el lugar del servidor. "El grande se hace pequeño, el fuerte se hace débil, el rico se hace pobre. Todo esto por amor", afirmó, al señalar que este gesto invierte la lógica del mundo y propone "poner el mundo patas arriba".

Monseñor Jorge Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo, celebró la misa de la Cena del Señor en el Servicio Penitenciario Provincial, con la intención de llevarles la luz y la esperanza de Cristo. "Más que una visita, vivimos un verdadero espacio de escucha y amor incondicional, recordando el gesto humilde de Jesús en la Última Cena", sostuvo. El prelado quiso recordar algo fundamental: la dignidad de ser hijos de Dios no se pierde por los errores que hayamos cometido. "El Señor siempre nos abraza y nos ofrece una segunda oportunidad".

El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, puso el foco en los dos grandes gestos que, según el Evangelio, Jesús dejó en la Última Cena: la Eucaristía y el mandamiento del amor. En ese sentido, subrayó que Cristo eligió quedarse "en cosas tan sencillas como el pan y el vino", que se transforman en alimento espiritual para la vida. "Hay un hambre profunda en el corazón, hambre de paz, de alegría, de perdón, de sentido. Y el único modo de calmar esa hambre es con el cuerpo y la sangre de Cristo", sostuvo. En esa línea, explicó que la participación en la Misa no responde a una perfección moral, sino a una necesidad: "Venimos porque nos sentimos necesitados de Dios, venimos a buscar fuerza, sentido y paz".

El arzobispo de Corrientes, monseñor José Larregain, invitó a vivir el Triduo Pascual no como un simple recuerdo, sino como la entrada al misterio vivo del amor de Cristo, que "ama hasta el extremo" entregándose en servicio. Explicó que la Pascua del Éxodo encuentra su plenitud en Jesús, el verdadero Cordero que libera del pecado mediante su entrega, hecha presente en la Eucaristía como alimento de los débiles y fuente de comunión. Sostuvo que no hay verdadera Eucaristía sin caridad activa; los cristianos están llamados a imitar a Cristo sirviendo especialmente a los más necesitados, acogiendo los dones de la Eucaristía, el sacerdocio y el mandamiento del amor, y aprendiendo a amar como Él.

En la parroquia Nuestra Señora de Luján Castrense, el obispo castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad, monseñor Santiago Olivera, subrayó que en este día la Iglesia conmemora tres realidades unidas: la Eucaristía, el sacerdocio y el mandamiento del servicio. Destacó que la Eucaristía es el "misterio de la fe", donde Cristo se hace alimento, y que los sacerdotes tienen la misión de hacer presente ese don para el pueblo. Por último, recordó que el lavatorio de los pies es un llamado concreto a vivir el servicio al prójimo, imitando el amor de Jesús, un amor sin límites que se expresa en la entrega y el compromiso con los demás.

"Cada vez que coman este pan y beban esta copa proclamarán la muerte del Señor hasta que vuelva. Este es el sentido de la misa de hoy, la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, porque Jesús se va al Cielo y deja a los apóstoles y sus sucesores, para que perpetúen este gesto, esta acción salvífica, que es la Santa Misa. Si eso el católico no lo tiene claro, no entendió absolutamente nada de la fe, porque si no recibe el Cuerpo y la Sangre de Cristo no tiene la capacidad para amar, no tendrá caridad y si no tiene caridad está muerto", sostuvo el obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc.

El obispo de Posadas, monseñor Juan Rubén Martínez, subrayó que la misa no es solo un rito, sino una acción de gracias y el corazón de la fe, y destacó el misterio de la Pascua: "El que murió resucitó y así nos dio la vida. Qué bueno es este misterio que estamos celebrando de la fe poder realizarlo en este lugar emblemático". También reflexionó sobre la importancia de la humildad, el amor y el servicio: "Ojalá que la Pascua no sea meramente algo que lo miremos como un espectáculo, sino que podamos internalizarla en nuestros corazones y vivir en el amor para tener esperanza".

"El conjunto de la celebración de hoy pone de manifiesto que el amor de Dios y el amor que estamos llamados a llevar a la práctica en nuestra vida, es don que lleva y pide la donación, la entrega servicial y generosa, porque nace en el don del Señor de sí mismo para darnos nueva vida y salvación" sostuvo el obispo de Nueve de Julio, monseñor Ariel Torrado Mosconi.

Monseñor Ernesto Giobando SJ, obispo de Mar del Plata, presidió la misa de la Cena del Señor en la catedral e invitó a redescubrir el sentido de la Semana Santa, una respuesta al amor de Dios: "porque es tan grande el amor del Señor que se lo devolvemos de esta manera". Destacó los gestos de Jesús en la Última Cena como signo de una humildad desconcertante y remarcó el lavatorio de los pies como "una acción de profunda humildad que realizaban los esclavos". Señaló que este signo "requiere despojo interior" y supone "agacharse física y espiritualmente", así como también "humildad para el que es lavado".

El obispo de La Rioja, monseñor Dante Braida destacó la enseñanza central del mandamiento del amor y el gesto del lavatorio de los pies como signo del servicio. Subrayó que ese servicio, basado en el amor entregado "hasta el extremo", debe ser el fundamento de las relaciones y de la vida comunitaria, especialmente en la atención a los más vulnerables, superando actitudes egoístas o interesadas. Asimismo, recordó que en la Última Cena Jesús instituyó la Eucaristía y el sacerdocio, dones que sostienen la vida de la Iglesia. En ese sentido, invitó a valorar la Eucaristía como fuente de amor y fortaleza para vivir una vida plena, marcada por el servicio a los demás.

"La Eucaristía que hoy conmemoramos no es un rito aislado; es la norma fundamental de la vida cristiana. Al participar de ella, sellamos nuestro compromiso bautismal de ser servidores. No podemos separar el Sacramento del Altar del Sacramento del Hermano. Esta es la verdadera 'coherencia eucarística': permitir que el Pan de Vida transforme nuestra existencia en una ofrenda de caridad", sostuvo el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva.

En La Banda, el obispo auxiliar de Santiago del Estero, monseñor Enrique Martínez Ossola, resaltó que en la Última Cena, según el Evangelio de Juan, lo central no es solo la institución de la Eucaristía sino el servicio humilde, simbolizado en el lavatorio de los pies: Jesús enseña que amar es servir incluso en lo más sencillo. A partir de esto, invitó a vivir la misa como una experiencia real y actual de Cristo, no solo un recuerdo, y a llevar ese amor al prójimo en la vida cotidiana, especialmente en tareas de cuidado como la salud. También llamó a rezar por las vocaciones, a "caminar juntos" en comunidad y a confiar en Dios, siguiendo el ejemplo de la Virgen María, que permanece firme en la esperanza aun en el dolor.

Monseñor Adolfo Uriona FDP presidió la celebración de la misa de la Cena del Señor en la catedral de Villa de la Concepción del Río Cuarto. Explicó que la liturgia de estos días tiene un aspecto de memorial. Señaló que no se trata únicamente de hacer memoria, sino de hacer presente hoy lo que vivió Jesús en la noche de la Última Cena. Por ello, recomendó vivir estas celebraciones con tiempos de silencio y lectura, alejándose de las múltiples solicitaciones de los medios de comunicación y los teléfonos celulares para llegar con la Palabra de Dios asimilada.

Monseñor Marcelo Mazzitelli, administrador apostólico de San Rafael, centró su mensaje en el enigmático gesto del lavatorio de los pies. El obispo destacó cómo Jesús, siendo reconocido como Señor y Maestro, asumió la tarea propia de los sirvientes para revelar su amor llevado "hasta el extremo". Aclaró que esta entrega no busca una mera imitación superficial por parte de los creyentes. Por el contrario, subrayó que los discípulos están llamados a "comprometerse a hacer de la propia vida un servicio para los otros", y transformar el don del amor de Cristo en un verdadero compromiso ético entre los hermanos.+