Jueves 5 de noviembre de 2026

La misa crismal: signo de comunión, misión y esperanza para la Iglesia

  • 2 de abril, 2026
  • Buenos Aires (AICA)
Los obispos animaron a anunciar el Evangelio con valentía, vivir el amor sin límites y reavivar la fe, poniendo a Cristo en el centro de la vida y de la misión.
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En distintas diócesis del país, la celebración de la misa crismal se vivió como una expresión de unidad, renovación y envío misionero. Obispos de diversas comunidades destacaron el valor de la comunión eclesial, la centralidad del amor cristiano y la urgencia de anunciar el Evangelio en un mundo marcado por desafíos y búsquedas.

Los prelados coincidieron en señalar que la Iglesia está llamada a ser signo vivo de fraternidad, a renovar su compromiso evangelizador y a poner a Cristo en el centro, animando a los fieles a redescubrir la gracia de su bautismo y la fuerza transformadora de la fe.

El arzobispo de Santiago del Estero, cardenal Vicente Bokalic CM, expresó un "agradecimiento sincero" a los sacerdotes por su entrega cotidiana, muchas veces "silenciosa y no reconocida", marcada por esfuerzos, desafíos y cansancio. Subrayó además el acompañamiento de las comunidades, y señaló que el servicio pastoral no puede comprenderse sin el pueblo de Dios.

El arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, sostuvo: "Al abrir el Triduo Pascual con esta celebración, reconocemos que partimos con la ayuda del Señor, fortalecidos por tantos dones. Pero la Pasión de Cristo compromete nuestro testimonio de creyentes para hacer presentes las prioridades del Señor y hacer visible, en la vida social, una presencia que no es ingenua ni meramente declarativa. Heredera del amor crucificado, la Iglesia de la Pascua es Iglesia de la profecía y de la entrega que da vida".

El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, centró su homilía en una exhortación a los sacerdotes a "volver al primer amor" y recuperar el sentido original de su vocación, evocando el pasaje evangélico en el que Jesús regresa a Nazaret. Por lo que, los invitó a hacer memoria de ese "primer sí" con el que respondieron al llamado del Señor, y advirtió sobre los riesgos de la rutina y el desgaste espiritual. En ese sentido, retomó enseñanzas del papa Francisco sobre "la seducción de la costumbre", que puede llevar a la resignación y a una suerte de cansancio interior que paraliza la misión.

El arzobispo de La Plata, monseñor Gustavo Carrara, se refirió al vínculo fraternal particular entre los ministros ordenados, fundado en el mismo sacramento, y planteó: "La fraternidad sacerdotal es una gracia de Dios que se nos regala por el sacramento del Orden Sagrado y, a la vez, una tarea de permanente conversión para no atentar contra ella.

El arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez, subrayó el valor de la unción como signo distintivo del sacerdocio y de la misión evangelizadora de la Iglesia. "El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha consagrado por la unción", recordó, al citar el Evangelio, y aplicándolo a la vida sacerdotal, afirmó: "Nosotros hemos recibido esa gracia del sacerdocio ministerial por la fuerza del Espíritu Santo el día de nuestra ordenación".

"Hoy renovamos las promesas sacerdotales. No es un gesto formal: es volver al primer amor, a aquel día en que, con temblor y alegría, dijimos "sí" al Señor que nos llamaba. Es recordar que no somos dueños de nuestro ministerio, sino servidores; que no nos pertenecemos, sino que pertenecemos a Cristo y a su Iglesia", indicó el arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain OFM.

Monseñor Eduardo Martín, arzobispo de Rosario, exhortó a los sacerdotes a vivir profundamente la comunión fraterna. "Me alegro cuando sé que los sacerdotes trabajan juntos, comparten las comidas, incluso las vacaciones. Un sacerdote es un hermano", expresó y subrayó: "Un sacerdote solo y aislado no puede dar fruto ni hacer grandes cosas para el Reino de Dios", al destacar que la comunión es esencial para la fecundidad del ministerio. En este contexto, también señaló que este testimonio de fraternidad se convierte en fermento para el surgimiento de nuevas vocaciones sacerdotales.

El arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Carlos Azpiroz Costa OP, reflexionó sobre la tensión entre tradición y novedad, y advirtió sobre resistencias dentro de la vida eclesial. En ese contexto, sostuvo: "Dios continúa creando todas las cosas" y afirmó que el Espíritu Santo suscita en cada época lo necesario para la Iglesia. Además, alertó sobre posturas rígidas o excluyentes, e insistió en la necesidad de reconocer la diversidad dentro de la unidad del Pueblo de Dios.

El arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Scheinig, reconoció las fragilidades, dificultades y cansancios que atraviesan los sacerdotes, pero destacó que incluso en esas limitaciones continúan siendo signo de la presencia de Dios. En ese sentido, valoró la fidelidad del pueblo de Dios, que "ve y acompaña" el esfuerzo de sus pastores.

Resuena el legado del papa Francisco
"Nuestro sacerdocio paternal no se juega en discusiones internas ni en reformas frías. Se juega en la calle, en el barro de la vida, en el sufrimiento de la enfermedad y la vejez, en el encuentro con rostros concretos. Se juega en ser una Iglesia hospital de campaña, no lugar de poder; una Iglesia que cura antes de preguntar, que recibe antes de exigir, que abraza antes de juzgar. Y en este camino resuena fuerte el legado del papa Francisco", aseguró el obispo de San Justo, monseñor Eduardo García.

"Mi deseo y oración en esta Eucaristía es que, al renovar las promesas que hicimos el día de nuestra ordenación, nuestro Padre del Cielo nos renueve la gracia de tener los gestos propios de los ungidos, gestos sacerdotales y paternales para ungir a nuestro pueblo en la esperanza. Esperanza puesta sólo en Jesús, para sentir que son Sus manos las que lo libran y sanan, que son Sus labios los que le dicen la única verdad que consuela, que es Su corazón el que goza de habitar en medio de su pueblo y sentirlo carne de su carne", expresó el obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc.

"Queremos reflejar la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque el misterio de la Santísima Trinidad es la fuente y el origen de todo. Y Dios ha tenido a bien revelarnos y mostrarnos esa vida divina y no solamente darla a conocer, más aún, hacernos partícipes de su propia naturaleza divina. Y esto no por méritos propios, ni por esfuerzo, sino gracias a la entrega de Jesús el Señor", planteó el obispo de Formosa, monseñor José Conejero Gallego.

El obispo de Neuquén, monseñor Fernando Croxatto, presidió la misa crismal en la parroquia Inmaculada Concepción, en la localidad de Las Lajas, y expresó: "Tenemos una buena noticia que hacer resonar en los corazones, para que el Evangelio, no quede sepultado debajo de muchas excusas". Concluyó con una fuerte síntesis pastoral: "El amor cristiano supera cualquier barrera, es un modo de concebir la vida y de vivirla, una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir sino hombres y mujeres a los que amar, es la Iglesia que el mundo necesita hoy".

"Somos pecadores y el Señor nos elige, nos perdona, nos consagra y nos envía. Participamos de su unción", sostuvo el obispo de Mar del Plata, monseñor Ernesto Giobando SJ. "Que la Virgen María y el beato cardenal Eduardo Pironio nos ayuden a ser testigos de la comunión, dando lugar a todos y comprometidos en la misión, y a seguir caminando juntos, poniendo a Cristo siempre en el centro", concluyó.

En la catedral Nuestra Señora del Rosario, sede del obispado de Azul, monseñor Hugo Salaberry SJ señaló: "Somos lo que somos porque el Señor nos eligió con el privilegio de ser sus discípulos y, si queremos, sus amigos". Y añadió: "Las realidades históricas tienen ahora una profundidad, son para comprenderlas espiritualmente. En cambio las realidades espirituales están en proceso, son para comprenderlas históricamente".

"Necesitamos renovar, en estos tiempos que transitamos, una seria y profunda formación que, a algunos, los inicie en el camino de la fe y, a otros, los guíe y sostenga en el camino de la formación permanente, abrazando las verdades del Evangelio lo cual supone, sin duda, esfuerzo, decisión y valentía. Muchos cristianos están anestesiados en su condición de bautizados y, muchas veces viven y aceptan criterios muy lejos de la fe cristiana. Muchos bautizados necesitan ser evangelizados, y esto lo experimentamos no pocas veces en nuestra actividad pastoral", sostuvo el obispo castrense y de las Fuerzas Federales de Seguridad, monseñor Santiago Olivera.

El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, afirmó: "Donde Dios reina, reina la libertad que hace posible la fraternidad". Invitó a preparar el corazón para el primer sínodo diocesano. También expresó: "Pidámosle al Señor que nos deje liberar el espacio interior de la mente y del corazón". Señaló que Jesús busca dar amplitud a la mirada y hondura a la misión.

"Valoro mucho la importancia de este signo de comunión y es una oportunidad para darles las gracias en modo directo a todos aquellos que se gastan y desgastan al servicio del Reino en una entrega silenciosa que solo Dios ve", señaló el obispo de San Luis, monseñor Gabriel Barba.

En Comodoro Rivadavia, el obispo, monseñor Jorge Wagner, destacó el valor de la unidad eclesial y la renovación del compromiso sacerdotal, en una celebración que definió como "una imagen viva de la Iglesia". Agregó que, en un mundo marcado por divisiones, la comunión eclesial es un testimonio profético: "Nuestra comunión es testimonio de que es posible vivir de otra manera".

En la solemne celebración en la catedral San Rafael Arcángel, monseñor Marcelo Mazzitelli presidió la renovación de las promesas sacerdotales con un llamado a vivir el ministerio desde la amistad con Cristo. El obispo de San Rafael instó a su presbiterio a huir del individualismo y el rigorismo, abrazar la misericordia y trabajar por la comunión diocesana, en sintonía con el mandato del papa León XIV .

La parroquia Nuestra Señora del Rosario de Salsacate, considerada una de las más antiguas del territorio que hoy conforma la diócesis de Cruz del Eje, fue escenario de la misa crismal que presidió el obispo, monseñor Ricardo Araya, quien animó a cuidar y valorar la propia identidad cultural: "El Evangelio no se achica en una sola cultura; es para todas, y cada cultura le saca un brillo nuevo a la noticia de Jesús", e invitó a integrar con sabiduría las raíces originarias y las tradiciones recibidas.

El obispo de Rafaela, monseñor Pedro Torres, subrayó un signo propio de esta celebración: el gesto del soplo sobre el Crisma. "Es la única vez en el año en que, en la liturgia, se realiza este gesto", explicó, y añadió que ese soplo "es el soplo de Jesús resucitado que hace posible el envío de los apóstoles".

"Hermanos sacerdotes, aunque sabemos que el tesoro precioso que hemos recibido está depositado en una frágil vasija de barro, les pido que vivamos nuestro ministerio con serenidad y alegría dejándonos atraer cada día por la llamada del Señor que incesantemente nos unge y nos consagra con su santo Espíritu haciéndonos compartir su misión", sostuvo el obispo de Oberá, monseñor Damián Bitar.

La catedral de Río Cuarto fue escenario de la misa crismal, presidida por monseñor Adolfo Uriona FDP, quien puso el acento en el sentido de la unción y en la misión pastoral. A partir del Evangelio proclamado en la sinagoga de Nazaret, destacó la centralidad del "hoy" en la vida ministerial. "No somos administradores de un pasado nostálgico, sino ministros del presente de Dios", afirmó.

La diócesis de Quilmes se congregó en la catedral para celebrar la misa crismal en las puertas del Triduo Pascual, en el año de sus Bodas de Oro. El obispo, monseñor Carlos Tissera presidió la celebración eucarística, en la que afirmó que "acompañados por el pueblo de Dios, los que fuimos llamados al ministerio ordenado queremos renovar nuestro compromiso de fidelidad a Dios y a su pueblo".

"Dado que nuestra consagración es la misma de Jesús, quien ha recibido la ordenación es, de algún modo, otro Cristo. Misteriosa y misericordiosamente, nuestra vida se vuelve Sacramento vivo (memoria) del Señor Jesús. Antes de realizar cualquier función o de realizar cualquier tarea, nuestra propia persona es presencia de Jesús Buen Pastor", señaló el obispo de Santo Tomé, monseñor Gustavo Montini.

El obispo de Nueve de Julio, monseñor Ariel Torrado Mosconi, presidió la misa crismal en la catedral Santo Domingo de Guzmán y afirmó que "es la manifestación de la Iglesia que celebra a Jesucristo quien, ungido por el Espíritu Santo, nos hace partícipes de su unción". Agregó que esa gracia "nos fortalece, nos sana y nos santifica".

"Hoy, con memoria agradecida y gozosa, celebramos que fuimos tomados de entre los bautizados de una parroquia o capilla, por una elección gratuita y misericordiosa de Dios, para servir a la comunidad en el nombre de Jesús, fundamentalmente anunciando el Evangelio" sostuvo desde la catedral San Antonio el obispo de Concordia, monseñor Gustavo Zurbriggen. "Nuestra vocación es un don que debe ser custodiado con fidelidad", añadió.

El obispo de San Isidro, monseñor Guillermo Caride, recordó que todo el pueblo de Dios ha sido ungido por el Espíritu Santo en el bautismo. Esa unción -señaló- es la que infunde en los creyentes la fe, la esperanza y la caridad, llamadas a convertirse en un "aroma agradable a Dios" a través del testimonio concreto de la vida cristiana.

El obispo auxiliar de Lomas de Zamora, monseñor Fernando Rodríguez afirmó que "en este mismo crisma también está nuestra historia, porque con un óleo bendecido en una misa como esta, fuimos ungidos el día de nuestra ordenación e invitados a entrar en el presbiterio diocesano y la fraternidad sacerdotal. Por eso la unción que recibimos no es solo una consagración personal, es también un envío".

En la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Abra Pampa, en la Prelatura de Humahuaca, la comunidad anfitriona recibió con los brazos abiertos a las distintas parroquias, que llegaron con signos propios de sus realidades: expresiones culturales, símbolos y elementos que reflejan la identidad de cada zona de la Puna, la Quebrada y los Valles. Estas manifestaciones, tan características y sentidas, le dieron a la celebración una riqueza única, mostrando una Iglesia viva, encarnada en su pueblo.+